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jueves, 27 de febrero de 2014

 Cometí el error  de suponer que por ser poeta entenderías mi enfermedad.
Aún eres joven y lo más grave, nada  te interesa menos que tratar mujeres trastornadas. Tú , cobarde y sensible, no puedes con tu propia vida , menos con la de una mujer de la edad de tu madre.
No sabes la experiencia alucinante, fascinante  que te has perdido , muchachito.
Yo te tomaría de la mano y juntos accederíamos a los distintos pasadizos de colores, en diferentes atmósferas . En fin, no entenderías jamás aquello que mi mente crea. Y a borbotones.
 Algunos son pasajes preciosos, ideas coloridas, extremas, de ritmo incesante, rápido como el mercurio . Otros te resultarían inexplicables  , en su mayoría, tenebrosas . Pero cualquiera con algo de curiosidad e imaginación y arrojo hubiera  quedado hechizado al conocer un mundo distinto , sin blancos ni negros, sin grises monótonos, amorfos, ,   colorido intenso. sexual, salvaje y sorpresivo, en mis cambios de humor a  callada , apagada, casi muerta. Es difícil pero te  perdiste el carrousel de emociones que son mis días y que ahora amo.
Mi esposo asumió el reto fascinante de involucrarse conmigo.
Nada resultó común pero él mismo no era un hombre simple, tonto ni del montón.
Ambos teníamos un bagaje de historias vividas, sufridas en su gran mayoría y pudimos armonizar mi alegría burbujeante con sus silencios largos, mis inviernos atada a una cama y sus desvelos.
Nosotros compatibilizamos la locura, como en el amor, cediendo. El era muy inquieto y amiguero , ansioso , no podía resistir más de 15 minutos sentado.. Yo, de una timidez patológica le seguía el paso al principio de nuestra relación.
Al final del día,  nos abrazábamos como dos sobrevivientes de un cataclismo.
Nuestra vida ,cada una era una suma de mala decisiones que derivaron en catástrofes personales . Al final acertamos la última desición.
Dos naufragos de la vida, dos apestados que por amor cobraron forma en cisnes bellos, pues el terror a la soledad y el desamparo era una cimitarra sobre nuestras cabezas. Aprendí por instinto a paliar  sus miedos y sus angustias. El doblegó con dulzura superlativa mi genio salvaje. Y en el camino surgió primero la pasión , luego un amor inmenso, supremo, tierno.El más importante . No podíamos ya separarnos pues ya éramos una sola cabeza, dos brazos, cuatro piernas y una sola  alma inmensa.

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