Google+ Badge

Google+ Badge

Páginas vistas en total

sábado, 28 de febrero de 2015

Fueron largas noches en blanco en torno a un thermo de café , Nina, Dámaso y Santos trataban en susurros el arribo de
 de otros compañeros que bajaban de las alturas.
Debían organizar la logística de aquellos bravos hombres  : No tardarían en llegar hambrientos, con noticias frescas. Su llegada no debía despertar sospecha alguna entre los pobladores.
Nina estaba furiosa . Le encargaron ocuparse de la alimentación y las tareas, que ella consideraba no merecía cumplir. Le faltaba aún mucho trecho en lo que a la labor de un revolucionario. Nada dijo.
Masticando su rabia, supo que aún entre los revolucionarios prima el machismo.
Era la tarea encomendada y disciplinada obedeció y preparó los alimentos casi para una tropa sin chistar. La procesión iba por dentro.
Nina aún era muy joven para aceptar que las taras ancestrales, como el machismo, subsistían hasta entre los hombres más progresistas .s.
Una vez iniciada la acción, Niña sería la mujer alzada en armas más aguerrida jamás vista por esas tierras. No le temblaría la mano a la hora de ajusticiar al enemigo . Esos eran sus propósitos, a manera de revancha. Dámaso leyó la contrariedad en su rostro . Con ternura, explicó que su tarea era fundamental, que la revolución se hacía entre hombres y mujeres sin distingo, de manera colectiva , sin personalismo. 

viernes, 27 de febrero de 2015

Nina amanecía escuchando los murmullos de las voces  de los hombres. Las confesiones,  que se hacen a la luz de un candil ante de las primeras luces. 
La estatura moral de los dos camaradas, su valor crecía ante sus ojos  con las horas , los días. Ella, silenciosa  bebía cada palabra , cada concepto con sincera   humildad.
  Sintió culpa y vergüenza por haber querido salir ella sola a buscar a los camaradas. Hubiera traicionado el plan por puro capricho.
Ella hizo una severa auto crítica de su conducta y con verdadero arrepentimiento se prometió escuchar y aprender.  No  creería  ser la revolucionaria que salva la sociedad  sin siquiera haber cumplido una misión de riesgo.
Santos había purgado cárcel no una, sino muchas veces. Sus cargos fueron muy graves pues incluían la muerte de un policía. Las órdenes de captura sumaban docenas.
El se paseaba con la cara descubierta por los poblados de la sierra, los valles y las alturas con la agilidad, el sigilo  de un zorro.
Desafíaba todos los peligros, instruyendo a los campesinos, levantando pequeñas asonadas, que pronto se convertirían en grandes movimientos que transformarían la sociedad. Y él no hablaba solo de tierras. Era la minería , el tema que no lo dejaba dormir por las noches. 
Los gringos, las empresas ricas extraían para si las riquezas de los minerales.
Esa era una explotación ancestral . Ahora se sumaban las empresas que arrasaban poblados ,afectando la salud de los comuneros por los minerales venenosos que empleaban . Moría el ganado, los niños nacían raquíticos. La tierra estaba contaminada.
Era de suma urgencia trasladarse a Cajamarca , a Moquegua a levantar a la población y crear conciencia en Lima, que como solía ser se toman las desiciones.
Santos contaba con el apoyo incondicional de su pareja, que como periodista manejaba información privilegiada.
Nina se sintió nuevamente pequeña e inútil pero su voluntad era inquebrantable.
Ella había salido a buscar la justicia social y en el camino aprendería de Santos y del resto de camaradas que no tardaban en arribar.
A partir de la llegada de los camaradas, la relación entre Nina y Dámaso se convirtió en un intercambio constante de ideas. No tenían tiempo para el amor. 
Una noche , Dámaso bajó al pueblo con Santos, su antiguo compañero de celda, quien lo había instruido en las primeras lecciones de marxismo.
Dámaso bebía sus palabras  , hallaba en aquellas palabras, el sentir que guardaba en el pecho desde muy niño.
Santos era un líder muy respetado en la zona y ya cargaba con varias órdenes de captura en su haber. Vivía clandestino, entre la noche y  las primeras luces. Recorría pueblos, vivía de lo que los comuneros le dieran. Cambiaba de aspecto, se hacía crecer la barba, se afeitaba eludiendo así el cerco de la represión. El estaba ahora abocado en la lucha por los derechos de los trabajadores  de las minas .
Las empresas  transnacionales  hambrientas de riquezas explotaban a sus trabajadores desde tiempos inmemoriales y mataban la riqueza del medio ambiente, envenenando el agua , matando lentamente a sus pobladores. Los niños nacían muertos, o deformes.

 Al igual que Dámaso,  Santos estaba  enamorado de una blanquita poeta, activista de derechos humanos y ambientalista
Escribía una columna de opinión en un diario importante de la capital . Su voz era respetada por la juventud y los grupúsculos mínimos de militantes en los que se había convertido la izquierda en el Perú.
Entre tragos, Santos y Dámaso se confesaron y rieron a carcajadas de compartir hasta el tipo de mujer.
La única diferencia es que  Nina  era una jovencita y la periodista poeta, una mujer hecha y derecha.  Por ambas de extracción burguesa corría sangre rebelde y valor, si bien no habían purgado cárcel. 
La intempestiva llegada entre tinieblas de los camaradas, cambió los planes de Nina. 
La luna plateada de aquellas noches desesperadas había escuchado sus plegarias. 
Y ella supo que debía templar su carácter. La paciencia es un arma de guerra que determina la victoria o el fracaso. 
Estos eran campesinos de aspecto tan similar a otros tantos campesinos , podrían pasar desapercibidos entre el resto de pobladores.
Si no fuera porque la culpa les marcaba el rostro, la mirada era huidiza y los sombreros ladeados les otorgaba un halo de misterio.  Hablaban , exponían diseñaban estrategias con un modo calmo,  tan distinto ,  a la teórica, sabionda Nina, que ella contrita escuchaba , sumida en el silencio de quien sabe que nada sabe.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Nina se debatía entre el placer dulce de los besos de Dámaso y la desesperación por iniciar la lucha.
Algunas noches, maquinaba la manera de huir de casa de su amante e ir ella sola en pos de los camaradas.
Dámaso había despertado a una nueva juventud.  Su cuerpo revivía en cada encuentro con Nina pero encandilado por los sentidos, descuidaba sus tareas.
Nina no quería ser ingrata pero ella no había nacido solo para complacer al líder o a su propio cuerpo. Ella disfrutaba del sexo pero vivir en función del deseo de un hombre que descubre una adolescencia tardía y olvida sus deberes , le causaba rabia, frustración.
Ya se asfixiaba junto a él,  Si no la asaltaba en cualquier momento para hacer el amor  no conversaban más.  Y¿  cuándo llegaban aquellos compañeros ?. Ella buscaba y rebuscaba entre sus cosas y no hallaba más que papeles viejos de antes de la cárcel. Temió que Dámaso soñara con una asonada que solo existía en sus sueños.
Demoró una larga noche en tomar la decisión de abandonar ese poblado y a aquél hombre tierno, cuyos ímpetus sexuales anularon su fervor revolucionario.
Debía huir pues permanecer más tiempo sería encariñarse con él más de lo que ella se permitía. No deseaba hacerlo sufrir. 

Tu sei Pietro [Tú eres Pedro] (1962)
*

Nelle fervide unghie del dolore
Se il dolore m’assale e mi trattiene
nelle fervide unghie
e spossata mi sento devastare
da un orribile passo
che mi trascina e mi rovina al tutto,
gemo perché son debole, d’argilla
ma nel premere il labbro già mi cresce
dentro non so che orgoglio smisurato
per la morte apparente, di una fibra
di demonio o di angelo son fatta…




En las fervientes uñas del dolor
Si el dolor me embiste y me retiene
en sus fervientes uñas
y agotada siento que me asola
por una horrible zancada
que me arrastra y me derrumba toda,
gimo porque soy débil, de arcilla
mas presionando el labio ya me crece
dentro no sé qué orgullo sin mesura
por la muerte aparente, de una fibra
de demonio o de ángel estoy hecha...







Destinati a morire [Destinados a morir] (1980)


*
I poeti lavorano di notte
I poeti lavorano di notte
quando il tempo non urge su di loro
quando tace il rumore della folla
e termina il linciaggio delle ore.

I poeti lavorano nel buio
come falchi notturni od usignoli
dal dolcissimo canto.
E TEMONO DI OFFENDERE IDDIO.

Ma i poeti, nel loro silenzio,
fanno ben più rumore
aaaaaadi una dorata cupola di stelle.




Los poetas trabajan de noche
Los poetas trabajan de noche
cuando el tiempo no les urge,
cuando se calla el ruido de la multitud
y termina el linchamiento de las horas.

Los poetas trabajan en la oscuridad
como halcones nocturnos o ruiseñores
de canto dulcísimo
Y TEMEN OFENDER A DIOS.

Pero los poetas, en su silencio,
hacen mucho más ruido
aaaaaaaque una dorada cúpula de estrellas.






*
Canto di risposta
L’essere stata in certi tristi luoghi
coltivare fantasmi,
come tu dici, attento amico mio,
non dà diritto a credere che dentro
dentro di me continui la follia.
Son rimasta poeta anche all’inferno
solo che io cercavo di Euridice
la casta ombra e non ho piú parole…
Ecco, Franco, la tenera risposta
al tuo dilemma: io sono poeta
e poeta rimasi tra le sbarre;
solo che fuori, senza casa e persa
ho continuato mio malgrado il canto
della tristezza, e dentro ad ogni fiore
della mia voce é ancora la speranza
che nulla sia accaduto a devastare
il mio solco di luce ed abbia perso
la vera chiave che mi chiude al vero.




Canto de respuesta
Haber estado en ciertos lugares tristes,
cultivar fantasmas,
como dices tú, atento amigo mío,
no da derecho a creer que dentro
dentro de mí continúe la locura.
He seguido siendo poeta hasta en el infierno
sólo que yo buscaba de Eurídice
la casta sombra y no tengo más palabras...
Ésta, Franco, la tierna respuesta
a tu dilema: yo soy poeta
y poeta seguí siendo tras los barrotes;
sólo que afuera, sin casa y perdida
he continuado a mi pesar el canto
de la tristeza, y dentro de cada flor
de mi voz existe aún la esperanza
de que nada haya sucedido que devaste
mi surco de luz y haya perdido
la verdadera llave que me cierra a la verdad.


ALDA MERINI
Nina mudó sus escasas pertenencias a la casa de Dámaso.
Las noches  en blanco se convirtieron en largas conversaciones sobre realidad social,  entre los brazos  de su amante . Una nueva forma de amar , que le inquietaba . No quería , no debía enamorarse.
Nina estaba inquieta. Temía por el proyecto,  distraer el objetivo para entregarse al amor no le parecía ni ético ni políticamente correcto . 
Tuvo ganas de salir corriendo pero la dulzura de Dámaso la sojuzgaba
Sentirse querida y protegida era algo nuevo para ella.
Ella, a cambio le entregaba  su cuerpo joven , su disposición a   amar para saciar su sed de tiempos antiguos. Sentir su espasmo, el grito al culminar el amor, la encendía y ella volvía  por más.
Con la mano de él sobre su pecho, jugueteando con sus pezones, con la otra, se acariciaba sabia las caderas, la orquídea devoradora , hasta que volvía a estremecerse y a gritar derrotada por el placer.
El disfrutaba contemplando el roce de sus manos , como el aleteo de mariposas sobre su cuerpo dorado, la  tensión y el climax  del goce pleno. El llanto o la risa final.
Era algo nuevo para Dámaso. no había conocido nunca a nadie con la libertad de Nina. Darse placer y permitir que el hombre la contemplara era realmente como si él fuera un adolescente iniciando sus lides en el amor. 

martes, 24 de febrero de 2015

  Dámaso hacía el amor  clamando   ternura en cada gesto , en cada pliegue de su piel áspera.
Hacía tanto no acariciaba una piel tersa, y las caricias de Nina, le incomodaban al principio por el tiempo y las durezas vividas pero se fue haciendo a su cuerpo de venado.
Y Nina le entregaba esa dulzura a fuego lento, demorando los movimientos para disfrutar su cuerpo de hombre maduro, como quien saborea  mejor la piel que devorará. A ella le gustaba manejar el ritmo , dominar a aquél hombre a horjarcadas entre sus piernas,
Primero era el ímpetu , luego el ritual cadencioso de que ella imponía.   Cuerpos que  se funden , estallan, se derrotan y renacen rocíados , riendo unas veces , llorando, otras .
Nina extrañaba el mar.
Su fragancia al alba. Reconocía los diversos tipos de marea y sabía leer en la espuma, cuando la marea venía cargada de peces. Los ocasos de mil tonos de rojo y amarillo.Los panes con pescado del muelle 
Su compromiso con la lucha demoraba una eternidad.
No había noticias desde la última misiva de los camaradas. 
A veces, aún a su pesar , Nina caía en una melancolía profunda.
Dámaso leía su pesar en ese cuerpo de miel, pero no podía hacer nada más que amarla. Y ella se consolaba con ese amor maduro pero creciente que se apoderaba de su cuerpo, de su piel, de cada poro , Sus entrañas clamaban por él.
Nina se tendió mansa a recibir agradecida los últimos rayos de sol del estío. 
Desnuda, su figura dorada se perdía casi entre los maizales.
Los párpados entrecerrados, trataban  de olvidar su obsesión por la toma de tierras. La demora de los camaradas. Aquella respuesta que  tardaba en llegar- 
Conocía el motivo . En las tierras altas, el ritmo de las personas era diferente al de las tierras de la costa, así como no existía la medida exacta entre los diferentes poblados. Unos decían "aquí cerca queda" y en realidad significaba tres o cuatro días de caminata , cuando no montada en un carro vetusto que tanto gustaba a Niña. Así hacía ella sus negocios y entablaba relación con gente que luego podrían convertirse en colaboradores . 
Así vagaba la mente de Nina, cuando sintió una mano ruda y áspera en su cuello.
Se dejó acariciar en silencio. Solo se escuchaba la respiración bronca de él. No abrió los ojos, sus manos acariciaban ese pecho ancho, que le quitaba el sueño hacía meses.
Ella tomó su mano y la colocó directamente sobre su seno derecho. Con la otra mano, palpó su sexo, lo anilló entre sus dedos.
Sentia el hormigueo desesperado  en la piel. Sus   caderas  necesitaban oscilar , iniciar la danza del amor,  dilatar  sus entrañas  recibir gozosa  el miembro de aquél hombre deseado.
Ella, diestra , ágil  se colocó en la posición dominante en el acto.
 Antes , ya había besado, adorado con la lengua ese miembro, que crecía , henchido  , y antes del estallido  se sentó a horjarcadas sobre ese cuerpo inmenso. Cuán hermoso ejemplar era Dámaso.
Ella inició la  danza para sentirlo ,  profundo desgarrando sus entrañas,  sus jugos vaginales abrillantaban sus piernas tensas, y terminaron el amor mirandose a los ojos, como dos desconocidos que desean conocerlo todo uno del otro.

Dámaso derribó uno a uno sus prejuicios políticos, desnudó su alma ante el espejo, e hidalgo,  reconoció su derrota.
La gringa loca lo había tomado preso. Era él admirador  de su inteligencia vivaz, de su entusiasmo juvenil ,
y de aquél  genuino compromiso político.  El volvía a sentirse un hombre vivo y para ello necesitaba contemplar su cuerpo dorado, escuchar su voz de ave para  a sentirse alegre como un jovencito.
Sabía perfectamente que era poco recomendable, casi prohibido involucrarse con camaradas pero eran relaciones de  comunión de almas , las más sólidas a la hora de la lucha. 
La fiebre que embargaba su cuerpo , esa sed nueva,  era una piel dorada,
que corría como un venado y no temía desnudarse en cualquier paraje hermoso a procurarse placer. 
Aquél que él mismo se negaba.
Pensó y reflexionó mil veces . Ya el tema que los unía no era   racional. Era la necesidad de poseer , dar placer con esas manos anchas , aplacar el hormigueo en su sexo, despierto ,luego de años.
Y su cabeza no tenía otro pensamiento. Día y noche la buscaba en sus sueños , evocaba el olor de su piel cuando discutían sobre política. Ya no concebía la lucha, la vida sin ella. Y tenía miedo, un terror que paralizaba su lengua, la mente. Cómo evitar que sus ojos se hundieran en esos pozos de miel, cuando hablaba con ella, Cómo disimular el temblor en sus manos, cuando ella fraternal
estrechaba las suyas.
No tenía escapatoria . Lo más grave era no saber abordarla, temía ofender ,espantarla con sus arrestos de macho .
Felizmente, Nina leía muy bien el deseo en los ojos
de los hombres, y sentía la necesidad de ser amada por aquél admirado hombre de mil batallas.
Al menos, antes que la refriega les quitara el derecho a vivir para ellos mismos.



Nina entrenaba con la disciplina militar, que requieren las grandes gestas. 
Dámaso tenía el ritmo del hombre del ande. La experiencia y sapiencia ,de quien sabe que la espera es una virtud. Nina desesperaba.
Por su sangre  corría febril , impetuosa las ganas de cambiar el mundo en dos días. Era una muchacha apasionada, ingenua, tierna.
 Dámaso lo sabía y callaba por llevar la fiesta en paz.
La ansiedad por las noticias de los camaradas  jefe corroían su alma, el estómago. 
El silencio estoico era lo mejor. 
Sin que ella supiera, él contemplaba a lo lejos. La  carrera graciosa de venado, su cabellera al viento  . La observaba  desnuda, entregada al placer. El conocía bien que era ley no  involucrarse  con quien sería su camarada de armas .
Más ese cuerpo joven estremecía el suyo, lo cegaba ,había logrado atarlo al suyo
Nina era tan libre , sin los  prejuicios propios de la gente de la costa. Y tan hermosa que hasta el sol se fundía en su sexo, entre sus cabellos  cuando ella  se tendía desnuda.
Una vez  contemplar esa visión preciosa ,   como una obra de arte, no pudo borrar más esa visión de su mente. 
Creía que su libido de hombre maduro estaba enterrada con la cárcel y una resignación amarga a vivir sin el placer físico Entonces supo que su cuerpo de hombre fuerte y joven volvía a cubrirse de sudor , solo evocar a esa chica
Reconoció su perturbación y una sed imperiosa nacía en su bajo vientre, luego de años.
Era el deseo  por la muchacha. 
Y contra el deseo nada ni nadie manda, solo la piel.

lunes, 23 de febrero de 2015

Nina corría libre como un venado  por los pastizales. 
Descansaba sobre el mar de maizales  los primeros rayos de sol, y cuando el deseo aparecía poderoso , se desnudaba en pleno campo y se regalaba el placer que su cuerpo clamaba  a gritos.
Ella pensaba que debía cansar  sus músculos para resistir el embiste de  la sed inagotable de su piel . Era en vano, a más ejercicio, el deseo la doblaba,
la derrotaba en cualquier lugar, a  campo traviesa. Ella gozaba observando la transformación del pubis, hinchado de sangre, la orquídea era pulpa jugosa de un fruto con vida propia. Sus senos crecían y  la entrepierna lloraba miel.
Tanto placer para uno sola, pensaba cuando saciaba su apetito y evocaba las manos de Dámaso.
Nina temía apartarse del plan 
El se mostraba más asequible, cálido ,una vez transcurridas algunas semanas . Se conmovía por esa ansiedad  casi infantil y como sosiego la invitaba al caer la tarde a conversar y beber. 
Nina no estaba acostumbrada al licor . El hombre cuidaba de ella ,cuando al tercer vaso de cañazo, ella caía desmayada sobre el piso de tierra .
El cubría amoroso su cuerpo y cuidaba su sueño, maldiciendo entre diente la hora que se le ocurrió abrir la botella.
Al despertar, Nina, con un terrible dolor de cabeza, le increpaba como un gallito,
el haber perdido el tiempo . En vez de emborracharnos-  decía furiosa - hemos estado ebrios como cualquier pequeño burgués. Solo nos faltó el whiskie.
Es que la ansiedad y la impaciencia eran tan propios de ella como el reposo y el silencio en aquél hombre misterioso, bruñido, .
Tendría mujeres? ya esas ideas rondaban la mente de Nina.
¿ Quién sería aquella ,que fue capaz de abandonarlo? .
Ella admiraba su pecho ancho de campesino, y sin querer aceptar la idea,
empezó a desearlo en sueños y cuando era presa del deseo.
Sabía que esas manos endurecidas harían temblar su piel de seda al solo roce de su cuello.

Continuará

viernes, 20 de febrero de 2015

<style>.ig-b- { display: inline-block; }
.ig-b- img { visibility: hidden; }
.ig-b-:hover { background-position: 0 -60px; } .ig-b-:active { background-position: 0 -120px; }
.ig-b-48 { width: 48px; height: 48px; background: url(//badges.instagram.com/static/images/ig-badge-sprite-48.png) no-repeat 0 0; }
@media only screen and (-webkit-min-device-pixel-ratio: 2), only screen and (min--moz-device-pixel-ratio: 2), only screen and (-o-min-device-pixel-ratio: 2 / 1), only screen and (min-device-pixel-ratio: 2), only screen and (min-resolution: 192dpi), only screen and (min-resolution: 2dppx) {
.ig-b-48 { background-image: url(//badges.instagram.com/static/images/ig-badge-sprite-48@2x.png); background-size: 60px 178px; } }</style>
<a href="http://instagram.com/ptempleprado?ref=badge" class="ig-b- ig-b-48"><img src="//badges.instagram.com/static/images/ig-badge-48.png" alt="Instagram" /></a>
Nina entrenaba muy temprano por las afueras del poblado.
Era imperioso prepararse físicamente, fortalecer el cuerpo a resistir largos trechos en caso de huida, necesitaba piernas fuertes para las tomas de tierra. Temblar su piel a resistir el frío insoportable de la sierra y el sol tórrido de las mañana. Ello curtía sus músculos, templaba el alma. 
En todo momento el compromiso con los desposeídos soplaba como una tonada helada en su oído. Y era una melodía dulce también. Saber que formaría parte de quienes lucharían por un cambio drástico la llenaba de coraje , de una ilusión, que no era del gusto de Dámaso. Lo consideraba pequeño burgués , rezagos de muchacha tonta encaprichada con ideas ajenas al mundo de donde provenía. 
Sin embargo, Nina demostró una tenacidad a prueba de balas.
No solo logró que él admitiera su presencia en su más intimo reducto, su hogar,
sino que logró que  narrara a cuenta gotas pasajes de su vida de campesino rebelde y valiente.
Cuando Dámaso desaparecía por días enteros, Nina viajaba a las alturas a dedicarse a negociar para sobrevivir y entablar relación con gente que podría ser útil a la lucha. 
Descubrió que muchos campesinos habían regresado de Lima y otras capitales de provincia,  hartos del maltrato, de los sueldos de hambre y de la misma explotación que asola como una plaga maldita a este mundo mal hecho.
Poco a poco, con un sigilo de seda, buscaba a sus mujeres primero, así llegaba a los hombres. De ese modo, ella ganó adeptos a la causa ,sin decir nada aún de la inminencia de los planes.
Algunos  fines de semana, Dámaso bajaba al pueblo a emborracharse en la cantina. Nina le seguía los pasos como un perro fiel.
Temía la brutalidad de los borrachos, de los infiltrados de la compañía, pero la cantina era territorio masculino . Ella no tenía cabida en él.
Los domingos sí que disfrutaba de una libertad irrestricta.
Dueña de su tiempo , de su cuerpo, sentía el llamado del deseo y se tumbaba desnuda en el mar dorado de los maizales .
Ella recorría con deleite su cuerpo de muchacha, la frescura de sus senos y ese ímpetu de yegua brava que poseía cada partícula de su ser.
Cerraba los ojos, con una mano rendía culto a esos senos vivos y de pezones que lloraban por ser besados, con la otra se ocupaba con verdadera fruición en demorar el placer. La voracidad de su sexo, el reclamo de la orquídea , los jugos vaginales  le causaban hasta gracia.
Entonces aplacaba esa sed interminable evocando a Dámaso.
Poco tiempo después , su imagen de amante potencial se desfiguraba en el tiempo y se esperanzó en encontrar entre los maizales a algún joven campesino que no se resistiera al amor.
Además, los compañeros de lucha son sagrados y la regla de oro es no intimar, no permitir que los sentimientos nublaran el fin , el objetivo.
Sin embargo, el tiempo, el azar tenían aún muchas lecciones de vida para ella.

Continuará
Antes de la aurora, Nina salía a  a conocer las alturas del poblado.
Tomaba unos colectivos, que las mujeres le indicaban fuera del poblado  y viajaba  apretada entre animales , gruesos sacos de pan llevar hasta llegar a  los pequeños poblados de casas de adobe, 
donde los niños de rostros hermosos y rojas mejillas los rodeaban curiosos.
Nunca contempló un cielo tan limpio , de mil tonalidades de azul como el cielo de las alturas, donde el sol tórrido y la luna convivían en perfecta paz .
Por suerte, nadie  hablaba mucho ni hacían preguntas.
Esa era una diferencia profunda con la gente de la costa, que tiene una curiosidad casi malsana en conocer los detalles más íntimos del primer forastero que llega.
La gente de los poblados de la sierra es reservada y silenciosa.
Cómo no ser así de desconfiado cuando a través de la historia, cada extranjero llegado ha cargado con sus riquezas y los ha rebajado a la calidad de esclavos.
Ya por esos días, Nina había incursionado en el trueque y algún pequeño negocio entre las señoras de su comarca
Primero para procurarse ropa de abrigo y luego para solventar su comida y posada.
Los días de caminatas eran hermosos pues la soledad aguzaba sus sentidos y a su paso descubría riachuelos, cataratas de agua helada y clara.  A lo lejos, picos nevados,que sabía conocería muy pronto.
De vuelta en casa, cuando la inquietud volvía asaltar su cuerpo de muchacha,
se tendía larga sobre el lecho a calmar esa sed que no se apaga nunca.
Bajo un poncho, desnuda , evocaba el cuerpo nervudo, las manos bruñidas de Dámaso . Sabía que reñía con sus convicciones pero la admiración por este hombre luchador lo hacía desearlo . Deseaba acariciar su piel , ese cuerpo hosco . El hecho que él la evitara, que no se rindiera como los otros, lo hacía más deseable. 
 Su mente se nublaba, su labios trémulos eran ya tan sensibles por el tiempo sin besos que apuraba  el ritual de adoración , de calmar  su propio    cuerpo , imaginando, casi sintiendo literalmente la dureza  esas manos gruesas sobre sus senos, ,que crecían , se hinchaban, dolían sus pezones erectos y cuando la orquídea era una fruta jugosa destilando, llorando de deseo,  se estremecía en convulsiones, que doblaban su cuerpo.   Lloraba, finalmente de  placer saciado.

Ella sabía bien que era imposible acceder al alma, al cuerpo de Dámaso.
Pero desearlo como hombre, admirar su vida de luchador era solo el principio.
Nina pasaba las noches en vela  imaginando el momento en que   Dámaso propondría la fecha y hora de la primera toma de tierras.
Sabía que él era un hombre precavido, de darle mil vueltas a las cosas.
Era natural, a diferencia de Nina, él había sufrido en carne propia las traiciones, cruentas torturas y la cárcel. Y sobre todo , conocía  , los peligros a los que se enfrentaría y con esta mocosa , además. Nina podía conocer mucho sobre marxismo pero no era más que una teórica. Una romántica para colmo.
Temía que ella con ese entusiasmo desbordante, cometiera algún error que les costara no solo la asonada sino la libertad.
Y Nina se deshacía en impaciencia , no dormía, además, por el sonido dulce  de gruesas gotas de lluvia sobre el tejado de zinc.
Caía rendida por las noches luego de estudiar largas horas sus libros y leer poesía
de autores rusos, que eran sus favoritos. A Vallejo lo recitaba de memoria pero Maiakoski tenía para ella la fuerza del océano cuando cantaba  odas a los obreros. 
Era casi medianoche cuando el sonido de la lluvia la despertaba y era la hora favorita para dejar volar su imaginación y proponerse paseos cada vez más distantes a fin de conocer al dedillo la zona.
Nadie sospecharía de esa gringa loca ,que caminaba contemplando arrobada los maizales, su danza perfecta al viento. 
Ni una sola  vez se permitió el asalto de la nostalgia.

jueves, 19 de febrero de 2015

Nina tardaba en abordar  el alma de Dámaso. Era una torre inexpugnable,
maciza y por demás un reto más.
Sus manos bruñidas, anchas manos de campesino apenas se movían.
Ella era ímpetu,  tempestad  clara intentando minar  el muro de concreto alrededor del alma y la mente de  este hombre.
No sabía que sus palabras calaban muy hondo.
El se conmovía hasta los tuétanos al sentir su ímpetu,  esa inocencia que él mismo sintió alguna vez.
Temió , no supo la razón,  pero supo que el tiempo estaba próximo.
Los camaradas estaban por arribar y ella estaba más que capacitada para participar en las reuniones. Y pronto en las tomas de tierras.
No había marcha atrás. 
El sentía el deber de proteger a la muchacha, en un rezago paternalista que los hombres, aún los más curtidos revolucionarios  sienten hacia las mujeres .
Nina mostraría rmuy pronto sus condiciones de lideresa política y de mujer de armas tomar.
A Nina le costó un mes de guardia bajo la lluvia o el sol hasta lograr que  la pesada puerta se abriera,
y él la hiciera pasar en su casa. Esta era oscura y húmeda, colmada de libros.
La casa de un campesino sin mujer
Felizmente, él  en ese momento él estaba de ánimo festivo por unas buenas nuevas y ella fue al grano.
Cuánto bregó Nina para escudriñar los ojos de ese hombre , el lenguaje parco de sus manos.  El era silencios largos, ella, catarata de palabras pero la intención, el objetivo el mismo.
No tardó mucho tiempo para verlos pasear como dos compañeros por el pueblo conversando a viva voz, discutiendo sobre algún libro.
La gente empezó a mirar a Dámaso con  especial curiosidad . Los hombres, aquellos que traicionaron al compañero y lo acusaron ante la policía,
 lo miraban con rabia , con recelo.
Dámaso fue consciente de este peligro y acordaron cambiar de método para preparar la llegada de los compañeros dirigentes de las alturas.



Nina redobló sus guardias frente a la casa de Dámaso.
El estaba adentro y  no respondía a los llamados de ella, pues no le daba la reverenda gana.
Bien ganada tenia la paz y su libertad, arrebatada una noche aciaga,   para dejar pasar a esta blaquita medio loca que hablaba de temas que él prefería mantener en el olvido , y ocultos  pues sus heridas aún sangraban  en su memoria de hombre trejo.
Qué podría enseñarle ella de justicia si no conocía nada. . No había experimentado el dolor físico de las torturas . No sabía de  de la traición de tus propios seres queridos , de tus vecinos, que levantaron falsos testimonios y lo acusaron sin pruebas. Solo para quedar bien con los patrones de entonces.
Y si Nina era linda, él ni se había dado cuenta.
No miraba mujeres desde que su mujer marchó ,cuando él cayó preso.
Eran seres desleales, de poco fiar y mucho hablar.
El prefería enfrascarse en la lectura de los textos marxistas que los camaradas presos le habían regalado. Prepararse pues, él no era hombre de derrotas.
Cada dos semanas recibía la visita de los camaradas que llegaban de las alturas a informar sobre el movimiento de asonadas y toma de tierras.
En la costa se vive de espaldas a la sierra , más aún si se trata de aquellos poblados tan altos y míseros pero sobrevive la esperanza.
Más  aún en  aquellos lugares donde se forjan los hombres de lucha , aquellos verdaderos valientes que le escupen su rabia a la cara al gamonal .
Dámaso preparaba con ellos una asonada.

Nina sabía por oídas pues en un pueblo pequeño , hasta las abejas zumban distinto cuando se está gestando algo importante. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Nina se dio el lujo de maltratar con fineza  y  sorna a aquél gamonal de medio pelo,
con su media sonrisa y el arresto limeño que no la abandonaba cuando  se trataba de gente que ella despreciaba. Los modos impostados, el anillo de oro y aquello que él llamaba gafas de marca , con el nombre muy grande en los lentes, poco menos que le causaron un ataque de risa.
De todos modos, salió sin haber sonsacado la información deseada.
Supo sí,  por boca de los campesinos en la pascana  la historia detallada que aquél dirigente campesino que  había organizado varias toma de tierras .
Por ello, tras salir libre de purgar condena se había mudado a los extramuros del pueblo. En la cárcel , aquél líder natural había conocido a dirigentes políticos, que lo instruyeron no solo en leer y escribir sino en la filosofía y pensamiento marxista. Conocía al dedillo la historia de las revoluciones mundiales y confirmó aquello que él sabía desde su tierna edad por intuición natural: La tierra no tiene dueño, es libre como el cielo y el mar. Se mantenía huraño y alejado por sigilo y además poseía una vasta colección de libros, empastados por él en prisión, que debía mantener lejos de miradas de curiosos.
La cárcel había transformado su carácter. Además, su mujer lo abandonó en aquellos tiempos y poco alternaba con los comuneros.
El conocía también que en el Perú hubo levantamientos históricos, que la explotación del campesino llegaba a límites de esclavitud, que un presidente dió una ley para desterrar a los terratenientes pero sin éxito.
Creó otra clase dominante y sin el menor conocimiento de labranza .
Pareciera que existía una maldición en su patria, pensó Niña
Los campesinos no llegaban a terminar los estudios por la necesidad de trabajar para la familia. Era una tara que se heredaba desde los primeros años de la conquista española y que continuaba como la yerba mala adherida a toda tierra de labranza, a los valles hermosos y se extendía en aquellas tierras altas de la puna,donde la vida vale un centavo.

Continuará

martes, 17 de febrero de 2015

Nina tragó la rabia, secó sus lágrimas de impotencia y se dispuso a presentarse en aquella oficina de potentados de medio pelo. Sabía muy bien tratar ese tipo  de gente, su abuelo materno había sido uno de los mayores explotadores de la historia. Un terrateniente de la vieja escuela. Hasta un libro le dedicaron.
Erguida y arrogante, tal  como ellos, pidió, casi exigió ver al gerente.
La oficina tenía la estupidez de contar hasta con una secretaria costeña , vestida con tacos altos y los labios pintados de rojo tentación.
La mantuvo esperando en pie hasta la llegada del gerente.
Este sorprendido de la limeña que pedía una cita con él, la dejó pasar a su oficina, sin imaginar siquiera los dolores de cabeza que ella le significaría en un futuro.
Como todo macho, pensó en llevarla a la cama en primer lugar , con un estilo de seducción, que a Nina le produjo desde pena hasta vergüenza ajena .
Ella llegó resuelta a indagar por la administración de aquellas tierras.
La razón por la cual , campesinos del lugar eran contratados bajo condiciones poco menos que inhumanas. La esclavitud se abolió con Ramón Castilla y un presidente no hace mucho, dijo que la tierra es para quien la trabaja.
El gerente, joven, no daba crédito a las palabras que escuchaba,
No la sacó a rastras pues algo de ganas por llevarla a la cama aún latía en él  pero le contestó: en mis tierras mando yo y no doy razón a nadie sobre mi estilo de trabajo.
Nina entendió muy bien que con esa patronal jamás podría entenderse por las buenas y se retiró muy educada en pos de los campesinos. De un líder al menos, que narrara la historia de aquél pueblo perdido en las alturas de una tierra caliente. Un rebelde era lo que ella necesitaba luego de tremendo disgusto.
La gente de aquél poblado era silenciosa , desconfiada y especialmente con los extranjeros. Ella preguntando a las mujeres, mientras compartía un choclo a media mañana supo de un hombre , que había purgado cárcel por acusaciones falsas de abigeato y toma de tierras. Era el hombre que ella necesitaba y fue en pos de él. Encontró luego de faenar a un hombre de mediana edad , de contextura gruesa, trejo ,de hablar lento y mirada profunda. Evadió preguntas, pero  Nina sabía llegar al alma con sus ímpetus y arrebatos.
El hombre, luego de dar muchas vueltas, procedió a lavarse la cara , y poniendo una taza de café delante de Nina, inició la charla.

A medida que el bus se internaba por caminos y trechos polvorientos, Nina
contemplaba  absorta  la danza dorada de los trigales al viento.
El sol caía a plomo, ella se apeó y como ya era costumbre buscó posada antes de charlar con los pueblerinos.
Este era un pequeño pueblo de campesinos pobres dedicados al cultivo del pan llevar, ubicado en las alturas de Piura.
Sin embargo, unos medianos propietarios cultivaban aquellos trigales, que encandilaron a la muchacha. Ella , ni bien llegó, fue directo hacia aquél océano de oro a revolcarse como la joven impetuosa, que era.
No imaginó jamás, que un perro guardián impediría no solo su inmersión en la  libertad absoluta en aquél mar,sino que terminarían por hacerla huir a la carrera.
Furiosa , frustrada fue a contar a quien quisiera escuchar su espanto. Una rabia saltaba de lágrimas sus ojos, que hacía muy poco se solazaban con contemplar la paz de un océano en mil tonalidades de azul. 
Ella no le temía a nada, tal como su padre la había criado y sabía por aquellas lecciones que la tierra era de quien la trabajara. Al menos, la ley la amparaba.
Craso error. Esos potentados pues comparados con los campesinos, eran ricos y poderosos,  se sentían los propietarios de la vida, las tierra de aquellos hombres que laboraban en sus campos.
Nina buscó al dueño del perro, que resultó otro perro guardián en cuanto a preservar las propiedades de sus patrones. Encontró una edificación blanca y supuso que era la oficina, Había conocido muchas similares en las haciendas de su familia, donde a los campesinos les pagaban con botellas de cañazo y coca. En un momento, recordó a su abuelo , y cada rostro aterido de frío que bajaba de los camiones a servir de pongos a la hacienda familiar.
Niña juró en ese momento luchar contra la esclavitud encubierta de aquellos hombres del ande.
Y había llegado al primer lugar de muchos.
Apenas clareaba, cuando acarició, besó, midió , sopesó, casi  pesó con sus manos pequeñas los pectorales
de su pescador, mientras él dormía inquieto.
No quería estar presente cuando despertara.
Ya era difícil para ella renunciar a esa especie de convivencia monosilábica basada en el placer sexual y la ternura
como para explicar sus motivos. El jamás comprendería sus razones .
Tomó un atado de ropa y se fue en el primer bus que la alejara del poblado de su pescador. Ella lo extrañaría, ya lo extrañaba su cuerpo cuando subió a un bus mayor que el anterior que la llevaría hacia los cerros.
Le narraron durante el viaje de tierras de sembradíos, donde los campesinos se doblaban por horas para recoger una mínima porción sea de algodón o de panllevar. Aquellos comuneros eran propietarios pero el patrón les compraba el fruto de su siembra a precio de hambre.
Ella consideró seriamente iniciar su lucha en las planicies , aquellas que antes fueron de los terratenientes malditos y conocer de cerca esa realidad . 
El pescador sentía verdadera veneración por su limeñita.
Besaba uno a uno sus cabellos, cada vez más claros por el agua del mar.
Empezaba el ritual de adoración, desde las plantas de los pies.
Recorría de abajo hacia arriba hasta sus piernas, como un feligrés adora a una divinidad, mientras ella acariciaba febril, su pecho monumental. El alcanzaba con sus labios la  orquídea  ,  el fruto henchido , donde él lamía las  pozas  entre sus labios ,  a punto de derramarse ardientes en su boca.
El sabía que la complacía carnalmente.
Y ella dependía de ese placer . 
Más no bastaba para pensar en una vida estable a su lado, ni junto a nadie.
Ella debía recorrer el mundo y cambiar las injustas condiciones de trabajo.
Tales sueños la hicieron marchar una noche de la comodidad de su hogar y atravesar desiertos enteros.
Sentía ya las ganas de partir hacia lugares menos tórridos, donde la majestad  de las montañas , le quitaran el aliento.
Contemplar de cerca el trabajo de las minas. La explotación de los mineros,  la formación de los sindicatos. A ello salió de su casa, a conocer y vivir en carne propia la miseria de los pongos, los mineros, aquellos hombres del ande que entregan la salud, sus pulmones por enriquecer el bolsillo del patrón.
Quería partir cuando el verano amenguara , y la temporada de  pesca terminara . Su pescador mudaría entonces hacia otros mares.
Cuando la vida se reduce a hacer el amor, comer pescado y aguardar el arribo del amado,  no hay lugar a disputas.
Se comunicaban apenas con roces de cuerpo. Solo el  deseo y su búsqueda incesante del placer los mantenía juntos. Al menos, en lo que a ella refería. 
Ella, temía un embarazo. Un verdadero pánico a equivocar fechas y quedar atada de por vida,  la sumía en una  desesperación profunda.
No sabía la reacción que podría tener el pescador a su negativa de tener a un niño.
Claro, la atracción seguía vigente, más no la idea de establecerse. Formar un hogar con alguien que  hablaba en monosílabos, no resultaba muy estimlante.
Ella había salido de su hogar con una misión a cumplir consigo misma.
Nada ni nadie la desviaría de su destino.

lunes, 16 de febrero de 2015

Ella vivía en el mejor de los mundos.
Estiraba la mano y cogía un higo del añoso árbol,  que brindaba sus hojas como sombra a la hamaca, frente a un mar de mil tonalidades celestes, añiles, azul intenso,
un mar tan transparente como el carácter de su marido, el pescador.
El no tenía vicios mayores. Los fines de semana regresaba borracho como todos en el poblado, siempre que hubieran obtenido una pesca abundante.
Los días de jornada, el pobre tenía tiempo para hacerse a la mar y amar a esa blanquita, que el sol bronceaba cada día. 
Caía rendido de tanto goce presto a darlo todo en la pesca.
Las conversaciones entre ellos no eran por demás ni frecuentes menos largas.
Ella suplía esa incomunicación verbal  solo contemplar el torso y sus pectorales de macho.
 Ni siquiera Alida sabía estremecer su cuerpo tan solo mirar a ese hombre.
Era hermoso, anchas las espaldas, tenía un sabor salobre en la piel que la exitaba mucho . Ella decía que " él  le hacía irse en aguas, pues su clítoris que ella llamaba su orquídea crecía de modo, tal que le dolía.
Mientras esperaba su retorno, ella evocaba su imagen y se acariciaba los senos,
y por supuesto esa orquídea, que más parecía una flor devoradora. Tenía vida propia, se iniciaba con una hinchazón en el vientre bajo, el líquido corriendo entre sus piernas y el movimiento de labios como si quisiera devorar algo.
Era el momento de iniciar su rutina amatoria en solitario.
Y qué gritos daba cuando por fin lograba calmar la flor .
Baldeaba el piso de tierra mojado de su olor vaginal y ya soñaba con la vuelta de su pescador.
Pensar en proyectos ? No era el momento ni el lugar.
Vivía en un estado de gracia perenne, temía no repetir este momento y ese hombre la enloquecía. 
Era aún muy joven para iniciarse en la lucha por cambiar el mundo.
Primero lo gozaba, pensaba cuando la asaltaban las dudas morales sobre su destino. Ya habría tiempo para cambiarlo.
Y así, recorrí muchos kilómetros guiada solo por mi instinto.
Comí donde me ofrecieron los lugareños, dormí siempre en casa de aquellos que además de posada me instruyeron en el amor.
A veces pensaba que mi sexo era quien guiaba mis movimientos y por un tiempo me complací en el arte de amar, sin importar sexo, color de piel-
Tan solo era el llamado de las entrañas, la orquídea ardiente era mi cerebro.
Y viví tan complacida de mi propia vida que ya me preocupaba.
Mi tarea era demasiado simple. Esperar al amado, cocinar pescado, danzar sobre su vientre, estremecernos sobre su pecho, sobre el mío.
Lo más frecuente era sobre la tabla que hacía de mesa en nuestro rústico hogar.
Mi padre no aprobaría nada esta vida muelle sin responsabilidades ni compromisos. El me hizo estudiar, me envío a los mejores colegios del extranjero para que yo asumiera con convicción verdadera las necesidades de mi pueblo. 
Yo , por el momento, hacía el amor con seres del pueblo de una forma desaforada y sin mayores complicaciones.
Prometí a mi padre al partir, caminar por el lado derecho.
Nunca entendí bien, qué significaba lo correcto.
Desde el principio me dejé llevar por mis instintos más primarios.
Fui llevada de una lado hacia el otro por el torbellino de mi cuerpo.
Un cuerpo, que a medida que crecía, continuaba los mandatos de su intuición.
Jamás la razón ocupó espacio alguno en mis acciones.
No la pasaba mal, todo lo contrario.
Vivía feliz dedicada la adoración de los placeres del cuerpo.
A descubrir cada día, distintas formas de amar.
Y la sencillez , esa falta de miras, ella sabía, era temporal.
Sabía en lo profundo que su destino era encontrar aquello que salió a buscar.
Ya había conquistado la libertad . Se había liberado de cualquier complejo de culpa, común a cualquier muchacha burguesa. Debía cerrar la etapa de los amores pasionales, aquellos que solo un cuerpo sabe dar.
No tenía ganas de hacerlo aún. Era tan dulce aguardar por su pescador,
sorprenderlo cada noche con una novedad en el acto de amar, que ella postergaba el momento de partir. Temía perder para siempre la intensidad del placer sea del pescador y su pecho de macho descomunal o de otros pechos tan orondos como los de Alida. Los primeros amores marcan como fuego.

domingo, 15 de febrero de 2015

Entonces, mi cuerpo era un organismo libre que circulaba por la vida sin culpa alguna. Me apegaba a quíen me diera calor y placer.
Amé por primera vez a una mujer , luego llegó el deseo irresistible por un pescador de un poblado de Colán. Lo seduje con las artes aprendidas en las tardes calurosas dedicadas al goce físico en casa de Alida.
Yo era obviamente virgen, es decir, no estaba desflorada pero sabía muy bien el sabor de mi  placer y cómo alcanzarlo. Luego, entablé amistad con una mujer del poblado de Colán y fue ella quien me instruyó en las lecciones de enloquecer a mi hombre.
El era mi marido, mi macho, aquél por quien yo rezaba cada día por otear a la distancia,  volver sano y salvo de la pesca . Aquél, a quien  besaba cada poro de esa piel curtida y salada, y sabía manejar  sus sensaciones físicas hasta enloquecerlo.
Nuestros ruidos amatorios se convirtieron en la comidilla del lugar.
Qué me podía importar si cada día ,yo devoraba a ese macho de pectorales maravillosos. Era verlo frente a mi , rudo , con el sexo dispuesto , el torso maravilloso para desearlo con una intensidad que me asustada. Mi entrepierna se humedecía, rociaba por los muslos y esa fragancia atrapaba a   mi hombre. Ambos eramos jóvenes , y yo, citadina, quería conocer más detalles para atizar el fuego entre nosostros.maldecido.
Yo vivía acurrucada en mi hamaca, atisbando el océano, distinguiendo su lancha entre miles de colores . Amando y siendo amada como pocas mujeres de mi tierna edad. Aún no cumplía  yo los 20 cuando conocía ya la plenitud de los placeres y jugábamos cada noche, con sensaciones nuevas, diferentes . Debía mantener satisfecho a mi marido y yo con él. A veces, me aupaba a sus piernas, ni bien llegaba y me tomaba sobre la vetusta mesa.
Otras, lo aguardaba vestida de negro para que él arrancara mis prendas con los dientes.
Aquella noche apenas pudo conciliar el sueño.
El recuerdo  de aquél desconocido quedó imantado  su propio cuerpo.
Ese necesidad de ver, esa inquietud por  palpar, acariciar esos pectorales de macho hecho a las travesías del mar,  luego conocería como deseo, la tuvieron en vela , tratando de aplacar los humedales que corrían por sus piernas.
No era claro aún cuando emprendió ella sola su búsqueda.
Ella iba a Colán al pueblo de pescador donde se cruzó con aquél protomacho. Quería comprobar  si su visión había sido realidad o si aquél hombre existía.
Si era así, emplearía toda la seducción enseñada por Alicia para auparse al hombre. 
Así de imperioso era el deseo de esa chica que no cumplía los 16.
Al llegar a Colán, no fue difícil hallar al muchacho. 
Bajaba de la lancha con quienes supo eran sus hermanos y padre.
En efecto, el remo había desarrollado en su cuerpo unos pectorales descomunales. Ella, finalmente señorita limeña, sonrío con esa risita de flor citadina que encandila a los pueblerinos.
No camines por aquí, - es peligroso - escuchó una voz de hombre.
No tardó en reaccionar , cuando una ola gigante la cubrió .
Ella , como buena hembra, se disforsó , rió para ser llevada en vilo  por el chico.
Apoyó su rostro , sus labios en ese torso desarrollado, y su lengua se escapó y lamió su piel salada.

Continuará
Antes del alba, bajaba al muelle a tomar el café negro de las señoras,  con sendos panes con camote  y pescado, que amorosas ofrecían  sin querer dinero a cambio. 
Entre ellas surgió la inquietud, la idea de buscarme un novio, acorde a mi condición de limeña.
Descarté a los jóvenes estudiantes de la pensión por considerarlos poco viriles.
Ya me había acostumbrado a admirar las espaldas anchas de los pescadores, imaginar su piel árida, salobre de tanto mar.
Yo no decía nada a cuanto pretendiente se me proponía.
Una mañana fui acompañando a una de mis amigas a llevar pescados a Colán.
Pude conocer el famoso balneario, que amaba mi padre  , la primera iglesia que fundaron los españoles por estas tierras americanas y en especial , el pecho musculoso de un pescador de las cabañas ,que salio a curiosear.
Nuestras miradas se engarzaron y yo, acostumbrada a las libertades de Alida, lo desnudé sin miramientos con mi grandes ojos oscuros.
Volví a sentir el estremecimiento en el cuerpo. 
Sentí que si aquél hombre me pedía que me quedara con él, el resto de la vida lo haría, con tal de poder acariciar , besar ese torso de toro.
No supe , no pensé que los hombres además poseen miembro viril.
Pedí regresar inmediatamente pues mis pantalones habían manchado del deseo por este varón descomunal.
Supe que la mañana siguiente volvería por él,solo ese pecho varonil.

Continuará
Huí intempestivamente de casa de Alida y busqué refugio en la caleta de pescadores. Llegué vagando , perdida.
No pude encontrar mejor consuelo para mi pérdida.
El mar lucía aquella mañana las mil tonalidades de azul que solo en  Paita hallé. Pareciera que se vistió de todos los colores para celebrar mi primera  visita.
Era un deleite para  los sentidos ver las corrientes de mar , ora azul intensas, otras verdes, los peces saltaban aquí, y las más hermosas, las celestes , añiles  se confundían con el cielo. Era tener un cielo a la altura de tus manos.
Mi imaginación voló hacia el infinito y cambié los placeres carnales por la adoración a la naturaleza.
No quería partir de ese lugar. La gente era amable , me ofrecía una taza de café recién hecho, pan con pescado al ver lo delgada que  estaba ni bien arribé.
En ninguna mirada hallé censura , si bien todos conocían mi convivencia con Alida, quien era la mujer de otro pescador. Sus mujeres eran cálidas como madres. Recalé en otra casa de pensión más grande y con un número considerable de pensionistas , viajantes de comercio en su mayoría.
Ninguno atrajo mi atención. Los veía vulgares, ocupados de sumas y restas, ufanos de sus conquistas femeninas , yo cerraba mi puerta para no alternar con ellos.
Mis días estaban dedicados simplemente a contemplar la maravilla del océano. Su paz , la brisa embriagadora de los vientos, la humedad en mis cabellos a primera hora era mi felicidad.
Hice amistad con las señoras de aquellos rudos hombres de mar, pues siempre acudía  casi antes que el sol saliera. Les hacía gracia que una chica de Lima, de aquellos barrios que ellas llamaban de sociedad alternara con ellas y las ametrallara con mil preguntas. Supe de naufragios y de penas, que son las almas que vuelven siempre del más allá. Me aleccionaron también en los conjuros de amor y hasta me llevaron a casa de la hechicera más connotada de Paita. Esta se llamaba Nelly, y puedo dar fe que acertó en mi pasado, leyó mi futuro y sonrió satisfecha de saber que pronto algo muy bueno ocurriría en mi vida. Yo vivía tan tranquila y satisfecha, contemplando el mar , pescando y arropada por las señoras, que casi olvido el motivo de mi partida. Esperé paciente , mis instintos sabían y ordenaban por mi. Cuando sintiera que había llegado el tiempo, partiría con gran pena de aquel lugar de ensueño. 

sábado, 14 de febrero de 2015

Dejé a Alida con u esposo. 
No supe nunca más de ella . Pero aparece en mis recuerdos y  me visita siempre por las noches.
La evoco en días de llovizna, repaso su cuerpo salado en el recuerdo, la suavidad de su piel,
el poder inconmensurable de su sexo.
Me pregunto entonces, qué haría esa mujer sencilla y poderosa , al mismo tiempo
de estar en mi lugar.
Estoy segura que no actuaría con miedo. Ella iba e iría siempre un paso siempre por delante. Hacia donde su instinto le dictara.
Lo pienso pues caminé mucho al dejar su cálido hogar en aquél pueblo pesquero.
Al salir como diablo por el tejado, pude ver al fin el mar hermoso y enterarme que ese pueblo candente a toda hora se llamaba Paita.
Mi padre era de la capital de esa provincia y por él había surcado mil desiertos.
Las mujeres de esa zona del litoral eran en su gran mayoría mujeres muy hermosas y por sobre todo libres.

Una tierra tórrida lejana de todo pero intensa en su clima y en sus pobladores.
Cuando la soledad me golpea, 
 me derrota  o la locura me apresa
en sus mazmorras oscuras,
me aferro  al recuerdo de Alida.
Ese era su nombre.
Revivo al evocar mi primera relación con ella.
Yo dormía ,tras una larga caminata sin probar bocado y me refirieron su casa como posada. 
Así fue , tras una sopa de pescado fresco en  aquél pueblo marinero, caí poseída por un sueño hondo.
Despierto y frente a mi,  orondos como quien luce unas condecoraciones caminaba ella, desnuda  con  un par de gloriosos senos, como nunca antes vi . 
Ni volví a ver jamás.
Senos redondos, grandes y duros que vencían la gravedad. con pezones rosados , erectos. Senos hechos para el amor.
Ella se paseaba  orgullosa , incapaz de imaginar la explosión cósmica en mi cuerpo adolescente.
Al ver mi mirada arrobada, sonrió.
Mi mente solo quería  devorar,  aplacar ese deseo nuevo, imperioso, salvaje,
que alteraba mi cuerpo, la mente. Confundía todas mis emociones.
Recuerdo, que con manos sabias colocó mis manos temblorosas sobre sus senos.

Amasé , besé sus pezones,  los sentí cobrar vida entre mis labios. contra mis mejillas .  Fue un verdadero ritual sagrado, la celebración de la carne de dos hembras sedientas de amor.
Me tendió a su vera. besó ella mis pechos, y supe que desde ese momento serían mis senos, los gobernantes de mi cuerpo.
Los acarició   con sapiencia y maestría
Yo no podía soportar ese deseo desconocido , arrebatador.
Ella me regaló el primer orgasmo de mi existencia.
 Fue tal la conmoción en mi cuerpo, que recuerdo haber sentido que subía y recorría las estrellas. El cosmos era mío y de ella.
Así iniciamos nuestra historia de amor.

Continuará

Antes de la llegada intempestiva del marido,
la mujer y yo dedicábamos las horas a descubrir lo que ella llamaba el gobierno del cuerpo. Esto era el descubrimiento mutuo y fervoroso de aquellas zonas que nos procuraban placer. Recuerdo una tarde que ella alcanzó un placer intenso , acariciando yo bajo  su codo . Eramos libres en toda la expresión de la palabra de descubrir en la otra y en el propio cuerpo cualquier resquicio oculto de deseo.
El  torso, mi cintura , la espalda baja y los senos eran mis zonas favoritas, por excelencia.
Y así pasábamos las tarde dedicadas a procurarnos el gusto Así lo llamaba ella.
. Desnudas, entregadas en cuerpo y alma a una pasión, que me enseñó que el cuerpo es fuente de mil deleites. Sea acariciado por hombre o mujer, pero bien palpado, era el lienzo que calmaba cualquier sed.
Casi no articulábamos palabras , apenas comíamos. Nos  bebíamos y devorábamos una a la otra , con tal fervor que nuestros rostros lucían delgados macilentos,
ya que casi no salíamos de aquella casa de esteras. aún el calor arreciaba.


Continuará.
En mis andares en pos de la visión, he caminado por sendas polvorosas, caminos ardientes de asfalto, carreteras y trochas imposibles de varar. Puentes de concreto, puentes
Todas inhóspitas, solitarias como suele ser el andar de una soñadora.
Encontré calor humanos en pequeñas  pascanas, cafés, aquellos, donde la gente se reúne en torno a una botella a contar sus efímeras glorias o tristezas infinitas. Eternas.
Escuché a muchos lamentar la pérdida de un amor, por lo que sentí la imperiosa necesidad de huir de los hombres.
Una tarde aciaga me encontré bajo el techo de una hermosa mujer desnuda bajo una especie de túnica.
La sangre se agolpó en mis sienes, mi cuerpo sintió por primera vez, aquello llamado deseo cuando la mujer ya desprovista de su vestimenta me besaba los senos endurecidos.
Fue un amor dulce y salvaje, a la vez.
Nos amábamos con fiereza, como aman aquellos que saben  lo fortuito de las pasiones.
Ella era una bella , madura fruta entre mis labios.
Con la mano derecha, guiaba mi cabeza hacia la pulpa jugosa de su sexo,
con la izquierda jugueteaba con mis senos henchidos , mis pezones erectos hasta desesperarme.
Mi orquídea, era una poza caliente, cuando ella bajaba a hundirse en ella y beberme.
Era el estremecimiento , el soberbio  placer  del cuerpo. 
Horas más tarde, invertíamos el orden y la posición del acto de amor.
Vivíamos en un  perenne estado de deseo .
Una tarde , casi noche, ella besaba mis senos, como ya ella sabía, sin prisa, encontrando cada vez un repliegue nuevo para mi placer.
Nadie nunca logró excitarme con la maestría de sus caricias en mis pechos como ella. Mi cuerpo se estremecía, se doblaba y caía al suelo 
luego de cada encuentro. Mi ataque de risa o de llanto incontrolable sobrevenía luego.
Una tarde aciaga llegó su marido y sus hijos.
Yo desconocía  que ella era mujer casada con familia y huí ante la mirada asesina del hombre.
Ella me despidió llorando en el umbral de su casa de quincha.
Esa fue mi primera relación carnal.
Luego amaría intensamente a muchos hombres y mujeres.
No olvido, sin embargo, su lengua diestra , su boca succionando mis pechos. El placer supremo de sus caricias. Una mujer me inició en el amor y sus deleites y aún ahora me asalta el deseo cuando la evoco.

Inicié mi ruta por  caminos desconocidos en pos de una imagen color añil en el  cielo, oteada al ocaso de una tarde de verano. Era yo una niña.
Desollé mis pies en  las arenas  de desiertos interminables, conocí pueblos , ciudades, gentes de muchos colores, a todos preguntaba. Nadie sabía, nadie había contemplado nada. Me hice mujer en la ruta hacia la belleza. Conocedora que la gente no observa el cielo ni la naturaleza, salvo los campesinos. Crecí , me hice mujer, en mi camino.
Ahogué mis penas en cantinas mugrosas.
Indagué entre los ebrios  y viajantes  por aquél destino. Ninguno sabía nada.
Transcurrieron muchos años, caminé errante por los parejas más lejanos.  
Mi piel endureció por el viento de la soledad .
Amé a muchos hombres. Ninguno  me ató a su vera . No desistí del sueño. Insistí por montañas altas, cuyos picos de  belleza suprema, cortan el aliento. Las noches bajo las estrellas alumbraban la esperanza de encontrar aquella imagen de color añil. 

Sigo mi rumbo, libre y ajena a cualquier atadura del mundo.
Busco aquella imagen de belleza ,sin igual 
clavada en medio del pecho, real e inasible. 
Hoy me atrevo a los mares , a las costas .
Besaré las orillas , la espuma vestirá  mi cuerpo y aguardaré sin prisa el atardecer.
Quizás, sea hoy ,el día, la fecha que  alcance  mi sueño, tras el océano. 

Continuará.

viernes, 13 de febrero de 2015

La sangre golpea mis sienes.
Despierto de un  oscuro sueño, hechizada
por una malvada bruja.
Mi piel resplandece ya ,
ímpetu de caricias se arremolina en mi cuerpo.
Es el tornado de tu amor,  muchacho,
envuelve cada músculo, cada poro mío.
Mi cabellera revuelta por tus dedos , es un verdadero deleite, mis sienes arden.
Celebro la fiesta del amor.

Es mejor tu luz,  a mi otrora noche eterna.
Es la vida brillante ,que clama por mi.
La sangre se agolpa violenta en mis venas,
circula  por los músculos,
Y me pongo en pie.
Doy unos pasos tímidos,
descubro que soy una yegua,
galopo por el campo, 
atravieso el follaje salvaje
salgo al monte.
Cuan hermosas son mis crines al viento,
esta yegua es libre, poderosa
escala dunas, atreve sus largas patas  los montes.
La noche caerá y ella habrá alcanzado las cumbres.

A lo lejos, la yegua plateada brilla más que la luna.

jueves, 12 de febrero de 2015

Apura, amor, he cazado carne  para ti.
Devoras veloz la presa. 
Te contemplo impaciente.
Quiero auparme a tu torso,
derramar sobre tu piel 
el rocío ardiente de mi deseo.
Sientes el perfume de la orquídea milagrosa
crecida, hambrienta, devoradora.
Inicio yo el rito con pequeños mordiscos en tus orejas.
Tu hocico se dirige hacia mi vientre tenso.
Con mi garra sobre tu cabeza, dirijo tus movimientos.
Casi devoras mi caverna rumorosa.
Me alejo ágil, me atraes con fuerza.
Trenzamos los cuerpos en el rítmico vaivén.
Rugimos  de placer, arañando los cuerpos con las garras afiladas.

Tras el follaje salvaje, se amaron la leona y su tigre joven.
Ellos lamen sus heridas, zarpazos de amor en todo su cuerpo.


Seamos corriente tempestuosa,
manantial claro y sereno,
mar anchuroso,
océano libre e infinito.
Amemos bajo el cielo azul ,
tormentoso o sereno,
oscuro o límpido.
Seamos frutos a devorar.
Amemos como animales
a zarpazos , a mordiscos
o a besos tiernos como niños
Desnudos bajo el sol ,
o vestidos ,
ocultos o a la luz del día,
pero no olvides amar.
Amemos con furor
rabia,  intensos,
dulces y violentos,
Amemos  hasta desgarrar el cuerpo
y duela,
Amemos, con el cuerpo , el alma
la risa , la pena, los cabellos,
la vulva, la mente, la poesía.
Amemos, hasta el olvido,
pero amemos siempre.
Abre el ojo y ama.
Mira el sol , ama.
Tus  manos son pétalos suaves,
caricias encendidas recorriendo  mi piel,
sus pliegues secretos, las hondonadas, cada accidente,
de mi cuerpo de fruta madura. 
Tuyo es mi resplandor, el placer nuevo, revivido.

Mi cuerpo agradecido se entreabre , rocía,
 ofrece su cáliz, la orquídea turgente
palpitante de mi deseo. 
Quiero estremecerte  con el estallido   de mi vientre,
contemplar  la tempestad  maravillosa de tu placer
en mis cavernas rumorosas.
Seamos ríos cantarines, frescos manantiales 
que bajan de la sierra.
Libres puquiales celebrando el amor de mil maneras
a toda hora , bajo la luz esplendorosa del amor.
Mi cuerpo resplandece al sol,
bruñido por el   milagro del amor.
Son tus caricias , muchacho.
Aletean traviesas , descubren pliegues nuevos,
accidentes, hondonadas para derramarnos en placer.
Corro ligera  por el jardín ,
la cabellera al viento,
el deseo palpitando en las comisuras de mi piel.
Mi piel desnuda resplandece al alba.
El sol   no despunta aún,
más mi piel brilla.
Por la noche,
tus manos de ave
colmaron de caricias 
mi cuerpo.
Mi vientre estalló en mil luces,
incendiando la oscuridad.



Tras el follaje salvaje,
nos buscamos , somos fieras salvajes
 sedientas,
con los  instintos alertas.
 Se incendian  las miradas. 
 Nos recorremos sin prisa .

Olisqueamos, lamemos, mordemos,
cuellos, hocicos, las pieles áridas .
Trenzamos  los cuerpos con premura.
Nos recorremos  desde la cabellera de medusa mía  hasta el vientre ,
donde la vida crece, palpita  , se derrama  y agoniza.
A besos,  a mordiscos , 
con garras ,  caricias ,
dulces y violentos
amamos el día entero.
El ocaso resplandece sobre nuestras pieles agradecidas, sonrientes.