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sábado, 25 de abril de 2015

Ninguna de ellas quizo apartarse de la otra pero sabían que era por el destino de su lucha.
La doña y Nina estuvieron abrazadas por largo tiempo, llorando más de lo deseado pero llorando todo lo que el alma se derramaba al momento de una partida tan incierta.
Pronto, Nina se puso en pie, alzó su atado y se fue por las mismas calles por las que llegó un día, sobreviviente de una masacre, Silenciosa y triste como un perro sin dueño. Fue doña Petro,  quien la domesticó, la enseñó a aflorar sentimient os y a darle ese calor de madre que ella no conoció nunca.
Doña Petro quedó desvastada.. Se le fue su niña, pero le quedaba la misión de visitar al líder y comunicar las órdenes por medio de ese modo bendito de las letanías a todas las señoras y todas las iglesias progresistas. No era poca cosa. 
Rocío marchó tan rauda como había llegado y así el grupo se diseminó pero no dejó de actuar ni un solo día en favor de la mina y sus mineros explotados.

viernes, 24 de abril de 2015

El pueblo les fue quedando pequeño a las muchachas. Necesitaban un ámbito mayor para desarrollar su labor. Si bien ésta había comenzado como un trabajo de hormiga, crecía y crecía a pasos agigantados. Nina sintió que debía marchar a una provincia con ´población mayor donde su figura no fuera tan fácil de reconocer. Y con el dolor en el pecho se despidió de quien fuera su madre adoptiva,  doña Petra. Esa pérdida sí sería irreparable , y con el corazón lo tenía partido y desgarrado la abrazó tiernamente.
Rocío fue a la capital, doña Petra quedaría allí mismo, rezando por sus chicas y visitando a su preso en la cárcel todos los miércoles.

jueves, 23 de abril de 2015

Y los labios musitando oraciones como letanías , repetidas en salas y salones , en cárceles y hospitales llevando los mensajes del líder no fueron nunca descubiertas por la políca.
Eran señoras con sus empleadas, gente humilde y no tanto pero todos unidos contra la empresa.
Que días tan dulces eran aquellos cuando se reúnían para el rezo que no era sino el intercambio de información que recibían las más jóvenes los miércoles, días de visita. La mujer peruana es mujer de inventiva, nadie le gana en el mundo en idear e innovar. - Así pasaron el invierno y el proyecto contra la empresa iba avanzando. solo faltaba liberar al líder.
Muchas más tardes soleadas y dulces trajeron a muchas más mujeres a rezar las letanías de la cárcel, como ellas las llamaban en secreto . Aquellas mujeres entendieron que existían muchos derechos que aún debían conocer y luchar por ellos en tardes dulces como aquellas.
Y se sumaban una muchedumbre de mujeres que no entraban ya en la pensión de doña Petro. Y fueron descentralizando las reuniones y pronto estuvieron diceminadas por todo el departamento . Nadie sospechaba de aquél grupo de señoras y muchachas tejiendo y rezando . No imaginaron jamás que eran las mismas que visitaban las cárceles los miércoles. Y que aquellos rezos como mantras eran las consignas del líder. Si había algo que admirar en la mujer peruana era su sentido de improvisación y su no bajar los brazos en las peores consecuencias.
Aquella tarde  las campanas echaron vuelo en todas las iglesias, sin que ninguna mano humano las tañiera. ¿ O quizás solo las escucharon ellas en el fondo de su corazón ? Era tal la algarabía que las vivanderas salieron a la plaza en día de semana y los anticucheros y los heladeros ofrecían y vendieron todos gracias a la gran felicidad que los embargaba a todos. Era su primera victoria. Una importante, vibrante que devolvió la alegría a todo un pueblo . Dicen que en la cárcel ungieron a Gregorio de rey y el alcaide se encerró asustado de una asonado justo en el mismo predio. Ni uno ni lo otro. La alegría se vivió distinta , con mayor reflexión pero eran cantos, bailes, aquellos que ya no se podían cantar desde la época del terrorismo , Al final de la jornada, una voz bronca llevaba hacia el cielo las notas claras de Adios Pueblo de Ayacucucho, desde la cárcel, desde la plaza y desde la casa de doña Petra, todos cantaban el himno que  mantuvo cerrado el pico. Ayer no, ayer todos cantámos al unísono y sin ponernos de acuerdo.

miércoles, 22 de abril de 2015

Ellas no imaginaron el poder de sus letanías semanales.
Pararon a un país. Detuvieron la marcha de la industria maldita de Tía Maldita, por primera vez en su historia, La gente caminaba con la  mirada erguida desde entonces y para siempre.
Y ellas, reían divertidas, una vieja y dos chiquillas más un preso habían logrado mover tanques, hacer volar los aviones de guerra y los helicópteros,
Al día siguente, día de visita, cantaron sus letanías entre risas y el pecho bien hechido.
La doña se lo debía a aquella hija suya que desapareció. Nina, a sus camaradas asesinados , Rocío y Gregorio a sus respectivas razones. Todos estaban tan felices que tuvieron que tanta felicidad se les fuera de la mano.
Y sin ser consientes , tenían a un paíso entero parado debido a los movimientos gestados en la cárcel.
La gente comentaba en los mercados, por la radio no se escuchaba otra cosa que el paro, y Nina, doña Roge y Rocío caminaban entre la multitud como si nada supieran.
Por la tarde, la gente de Goyo había tomado la cárcel y se esperaban más tomas en todo el país.
Los colegios devolvieron a los niños por precaución y se vivía un halo de expectación como si  algo grande ocurriría. Reforzaron Tía María, pero los compañeros estaban empeñados en tomarlo por las buenas o por las malas.. Nina pensaba que no era el momento, que ellos eran unos pocos para tamaña proeza, en fin. Nada podía oponerse a quien ama los actos suicidas.
Y aquellas letanías, aquellos rezos sordos les servían para distraera a la policía de las órdenes que ellas recibían del líder, entre murmullos.
 La última vez, se  dieron las directivas para el Paro General que en esa misma  fecha había paralizado el departamento. Les llegaban noticias que además otros poblados habían parado sus acciones. No había colegios, ni fábricas, todos se habían plegaban a las órdenes impartidas por el líder y por sus mujeres.
Y Nina, empezó a sentir el poder de aquellas letanías carcelarías y supo que pronto tomarían más predios y terrenos, todo lugar donde existiera un minero explotado o un campesino doblado bajo el peso de un peso ajeno.

martes, 21 de abril de 2015

Semana a semana se repetían las visitas a la cárcel, que eran como una letanía en sus vidas. Allí ellas recibían los dictados del partido , las cartas a entregar y que debían esconder entre sus prendas íntimas. 
Ellas sí vivían cada incursión con la emoción y el peligro de una principiante pues les tocaba ver situaciones injustas al extremo. Mujeres que eran golpeadas por la policía solo por ir a visitar a un preso. Niños que debían espectar tales desmanes. Y ellas, mudas , aprendieron a callar por estrategia.
Para poder volver y recibir las órdenes del partidos.
Los días que Nina no visitba la cárcel volvía a su vida de muchacha. Corría por el bosque y coronaba su paseo con un baño en el río. Esto molestaba mucho a doña Petro , quien la veía enferma y tumbada en una cama en su imaginación de madre putativa . Así y todo, Nina disfrrutaba de la vida de una muchacha joven sin mayores problemas, cuando no había que cumplir con las labores del partido.
Y así les llegó el alba,, helado tan frío que su piel no lo sintió de lo contenta que estaban.
Inmediatamente, doña Petro sacó una botella de su pisco más fino y preparó una caspriroleta para prevenir los resfríos de estas muchachas. Al final, hasta Rocío había festejado con ellas en la tina, jugando carnavales con ellas como niñas chicas.
Doña Petra las dejó dormir la borrachera y a media mañana las esperaba con una mesa servida con todas las delicias de la zona. Una vez al año no hace daño, les retrucó, cuando las muchachas protestaron por el lujo y lo mimos.
El asunto fue que semana de por medio se turnaban para ir a la cárcel. Rocío viajaba con frecuencia a Lima por obligaciones partidarias y dejaba sus encargos a Nina. Ella se había acostumbrado al olor fétido de la prisión, al hacinamiento de los presos. A contemplar el hacinamiento humano sin pestañar, aún por dentro se le hiciera añicos el alma.
Gregorio aprendió a confiar en ella como si fuera la propia Rocío se tratara. Le habló en alguna oportunidad de sus amigos, aquellos mineros y su respuesta, fue contundente. Ellos se hicieron despedir pues desde fuera la lucha es más fácil , menos riesgosa que desde dentro.
Nunca más volvió a preguntar por ellos pues ya pertenecían a un pasado lejano que no volvería,
Además, ellos continúban en el mismo lugar, con las mismas consignas sin un ápice de cambio.
Gregorio no se equivocaba. Ellos estaban en un marasmo político , hundidos hasta la nariz. Sin posibilidad alguna de salir. Así ellos estaban cómodos y a salvo.

lunes, 20 de abril de 2015

Borrachas y felices, doña Petro y Nina decidieron quitarse el olor a miasma de la cárcel.
Era más de medianoche  pero ellas estaban tan ebrias y tan felices que poco les importó .
Entraron al baño de la doña, lugar sacrosanto hasta entonces, y juntas se jabonaron en la tina con espojan y cepillo. Cómo se diviertieron , cuánta risa guardada, cuanto cariño entre ellas. Se habían convertido ambas en una suerte de madre e hija y pronto , sin saberlo, ellas , adoptarían a Rocío.
Luego de la visita , las mujeres guardaron un silencio sepulcral.
La doña apuró unos biscochos que apenas probaron en aquél hostal, Rocío se encerró en su cuarto y Nina por más emociónada que sentía, necesitaba poner sus ideas en orden.
Ya jugaba en ligas mayores. Yo no eran simples mineros. Había conocido a un líder nacional y había recibido órdenes directas de su propia mano. 
Si no podía celebrar con un anisado con la doña, no sería por por falta de ganas.
Tarde por la noche, tocó a su puerta, botella en mano y riendo como niñas en falta tomaron hasta emborracharse, No todos los días conoce uno a un tipo tan importante, se decían entre risas .
Y la fiel doña Petra había sido la gestora silenciosa del encuentro.

La cárcel había resultado ser tan pútrida como lo son todas las cárceles.
Tan hacinadas e inhumana. Pero el lugar dondo Goyo vivía era la suma de las miserias.
Solo él soportaba estoico tanta injusticia y podía escribir, trabajar por los mineros, producir y hasta amar.
Conoció a Nina y dió su visto bueno para que ella y Rocío trabajasen unidas no solo en cuanto a los mineros sino que le pareció muy novedosa la idea de la conservación del medio ambiente de Nina.
Y a partir de ese mometo , supo que la cárcel no sería más un lugar tan oscuro, Allí se cocinaban ideas y muy buenas ideas , se dijo, antes de estrechar la mano del líder.

domingo, 19 de abril de 2015

Al final de la tarde, Nina, Rocío y la doña eran tres mujeres que compartían los mismos sueños. Eran tres en un puñado firme como el de una mano.
Tres mujeres sin importar el rango político de la otra, las experiencias , que iban en pos del mismo proyecto político. Esta vez, Nina lo tenía cerca, lo podía casi acariciar. Mañaña saldrían las tres al alba hacia la cárcel municipal a visitar nada menos que al preso más famoso que dicha cárcel guardaba entre sus rejas. Nada podía salir mal.
Nina por la noche se acercó a doña Petronila a agradecer la sorpresa y sobretodo y pedirle rezar porque todo fuera bien. Tantas veces estuvo ella cerca de la revolución , y hasta tuvo que verlos muertos para darse cuenta que no era ese su momento.

sábado, 18 de abril de 2015

Aquella tarde fue la culminación de un cúmulo de planes y sueños para Nina. Por fin, pondría en marcha la acción por la que aguardaba   por meses. La doña había preparado perfectamente el ambiente para que las tres mujeres se sintieran cómodas y seguras. Ya al dìa siguiente, hospedada Rocìo en la posada de doña Petro se irìan juntas a la visita del lìder.
Este resultò un hombre taciturno que no hablò màs que con Rocìo y desconfio de Nina desde el principio. Era natural. No la habìa visto nunca, sus referencias no pasaban de ser recomendaciones de viejas y aquellos mineros que Nina mencionò , èl no los recordaba .
Esto ni la acobardò ni la aminalò. Ella venìa a ponerse al servicio de la causa. No a hacer relaciones sociales. Pasado un rato, roto el hielo, conversaron los tres màs distendidamente. Rocìo traìa noticias de su abogado de Lima, empantanado en los vericuecos del Ministerio Pùblico. Nada habìa avanzado.
Y Gregorìo recibìa la noticia como si ya supiera que èl pagarìa por muchos,  por aquellos a   atreverse a levantarse contra las mineras. Quizàs èl fue uno de los primeros y eso lo pagarìa hasta el fin de sus dìas. Parecìa no importarle quedarse en aquella càrcel sombrìa.
Su espìritu volaba màs allà de los altos muros y seguìa los enfrentamientos como si verdaderamente estuviera presente en carne y hueso. Daba consignas al oìdo de su compañera , dictaba òrdenes a seguir pues , por un hombre caìdo, la lucha debìa continuar con màs ìmpetu.


viernes, 17 de abril de 2015

El ansiado encuentro con la lideresa se llevó a cabo entre el sigilo y el misterio de las doñas de la comarcas, Allí se encontraba por fin Nina, conversando con Rocío, intercambiando ideas y proyectando nuevas luchas una tarde dulce en la sala de una casa de familia, tan distinta a lo que ella soño , que le divirtió mucho la escena . Roció era alta, blanca ,  un poco mayor que ella y   con la determinación escritaen la frente. Su primera acción sería acompañarla al día siguiente a la cárcel a visitar a su pareja y líder nacional Gregorio, apresado bajo cargos falsos . El había ganado con los votos mayoritarios del pueblo la gobernación , la represión le buscó la sinrazón para levantarle cargos falsos   Rocío trataba de defender junto a  un abogado de oficio, pues se encontraba sola en su lucha.
Por esos días había muerto Javier Diez Canseco, todos se sentían huérfanos de apoyo, de liderazgo.
Una gran pena sumió al país en pleno, Y Nina lo lloró a lágrima viva como muchos otros jóvenes de tantas generaciones donde Javier fue ejemplo de consecuencia y lucha.
Ella añoraba su verbo encendido, ahora más que nunca,cuando tenían al líder preso . Y  ellos, tan solos, tan desamparados.

jueves, 16 de abril de 2015

Aquellas tardes previas al encuentro con la lideresa limeña eran tibias y amables.
Doña Petro y Nina conversaban con la confianza de una madre y su hija en el hogar adyacente al hostal. 
La clientela entraba y salía a su antojo , mientras ellas inmutables se enfrascaban en el tema que les interesaba : el arribo de Rocío y la visita a su pareja a la cárcel local. La señora  conocía a Gregorio desde su más tierna infancia, era amiga de la familia. Eso le concedía una especie de aura de poder ante los ojos de Nina, que le divertía mucho a la doña. Nadie nunca la había mirado con esa unción. Ella siempre fue una mujer de pueblo , y esa chiquilla , a la que le había tomado cariño de hija le inspiraba una ternura con esos ojazos cuando le pedía que le relatara una y otra vez cómo era el líder.
Y  de regreso de las comunidades altas , Nina tomaba  el camino más largo.
Lo hacía trotando. Siempre por senderos distintos para evitar el cerco policial.
Todos ,los trechos  perfumados al caer la tarde, a  hierba, a pino , a aquella naturaleza , que Nina, criada en la ciudad había aprendido a amar apasionadamente.
Algunas tardes calurosas se tendía desnuda a contemplar desde un claro el cielo. El sol al morir estallando entre los cerros . Entonces ella,  entraba al río a sentir la caricia de las aguas heladas en su cuerpo jóven, mientras el sol y la luna destellaban ya en el cielo alumbrando las aguas de unos colores mágicos, desconocidos . 
Permanecía en trnce durante el tiempo de trnsición hasta que recordaba que debía volver-
Estaba aún claro. Ella aprovechaba esos momentos para salir y retomar el camino y llegar a casa sin novedad.
Doña Petronila , quien había contratado otra muchacha en su lugar, le tenía preparada una buena cena . El tiempo que quedó bajo su cuidado establecieron una relación especial , tácita, donde las palabras sobraban entre ambas, Y daba gusto ver el apetito de Nina luego de volver de sus jornadas en las comunidades.   
Ella se había distanciado de los mineros aquellos pues consideró más prácticó ir tras la lideresa que por esos días visitaría la zona. Eso la tenía algo inquieta pero Doña Petronila conocía muy bien a quien la hospedaría y le tenía  reservada una sorpresa . Había coordinado una reunión de mujeres de base, entre las que encontraba como integrante Nina.
La lucha de Nina había cobrado múltiples sentidos. Ya no solo peleaba por la justicia social, la causa justa de los trabajadores . Hoy su lucha era la forestación de los bosques, la tala de los árboles de esas mismas nineras , la contaminación de los recursos. Y ella vivía aquello que pregonaba. Entraba al río como una niña a chapalear, salía indignada dispuesta a incendiar el asiento minero, Aquél que ella consideraba su río se había convertido en un basurero fangoso en algunos recodos, en aquellos que no , ella nadaba como una sirena.
Ya había convocado varias reuniones con la gente del campo. Esa gente sencilla era entusiasta y no se hacía problemas como la politizada.

miércoles, 15 de abril de 2015

Nina se  había convertido en pescadora de luces. Había aprendido a distinguir la luz primera de la aurora , aquella que rompe  la oscuridad  y da paso al día nuevo. La última luz de la tarde, la débil y tenue que apenas alumbra pero mantiene su color aún las tinieblas.
Y se sentía la custodia del río . Lo observaba una y mil veces antes de sentarse a  hablar sobre él con propiedad con los ambientalistas. Ella ya amaba a ese río . Y sufría de ver la suciedad flotando sobre él, los químicos de colores, el veneno .
Sabía que necesitaba más que amor para plantear proyectos, pero por el momento era feliz chapuceando en sus aguas, en las orillas. A veces , se atrevía a dejarse llevar por la corriente y saber dónder la llevaría ese río amado. Era triste comprobar que terminaba enredada entre la basura que la gente arrojaba al río.

martes, 14 de abril de 2015

Nina había abandonado las tareas del hostal para dedicarse en cuerpo y alma a la misión de luchar contra los mineros.
Con las primeras luces acariciando su piel, trotaba por el campo hacia la mina.
Era su propia inspección de la mina. Amaba ver el río. Recordaba esa corriente purísima de agua helada que bajaba de La Oroya cuando acompañaba a su padre.
Eran otros tiempos. Este río no era el mismo y la corriente estaba contaminada de relave , sucio de minerales que mataba. Río asesino. Asesinos,  aquellos que por extraer la riqueza de las entrañas de la tierra mataban a su alrededor seres vivientes, envenenaban el agua.
Qué nos dejaban? solo los restos de su codicia y más miseria y hambre.
Nina trabajaba freneticamente.  Salía antes  del alba y volvía al caer la tarde , cuando el sol resplandecia en las cumbres de los cerros y le cegaban la vista. Ella disfrutaba tanto contemplando el contraste de los nevados con los colores luminosos del ocaso, que  tomaba una licencia y se sentaba a espectar , con el alma en vilo, el espectacúlo de la belleza, distinto, día a día.
Ella sabía que su lucha  no solo comprendía los derechos de los mineros sino que  batallaba por la pureza del   agua de los ríos, antaño cristalinas, hoy sucias y con serios  problemas de contaminación.
Ella debía atacar desde la raíz y desde las bases. Había escuchado hablar de una muchacha algo mayor que ella, limeña , compañera de un importante dirigente minero, preso. La buscaría, sabía que vivía no muy lejos del campamento y se dejaría de tontear con aquellos mineros machistas.

martes, 7 de abril de 2015

Nina cumplía con cada directiva de los mineros. Volanteaba por la ciudad en las narices de la policía, aún su mala experiencia, Había logrado concientizar a un grupo de comerciantes ambulantes que vendían caldo de gallina en las calles, a aquellos que jamás tuvieron un lugar estable para vender.
Subió a las alturas a hablar con los comuneros con el poco quechua que aprendió de Dámaso, amado Dámaso , cómo lo añoraba, sentía su fuerza telúrica en cada pasa suyo. Y aquellos comuneros se rendían a su verbo encendido. Ellos conocían de la desgracia que les traería a todos la mina, pero al discurso bien explicado en su mismo idioma por esa gringuita de cabellos como el trigo, los convencía del todo.
Pronto, Nina contó con un contingente de gente bravía dispuesta a tomar las armas.
Algo  inédito en su historial político. Sintió además que esa rabia, el rechazo de los mineros le impulsaron a aventurarse más allá que la casa de ellos. Ya no buscaba amor ni protección, Bien claro se lo dijo a boca de jarro el mayor de los mineros, quien fuera su amante o seguía siéndolo, ya no lo sabía ni le interesaba, tampoco. Ella estaba embuía en su lucha y nada la distría  de ello. El amor pasó a un último lugar en sus prioridades. Dulce con el  pueblo y violenta a la hora de arengar , ya nadie le ganaba terreno. Ni sus propios amigos mineros , a quien la desocupación había convertido en teóricos . Habían perdido su capacidad de movilización y accionar . Debían reconocer que la gringuita los había superado con creces.

lunes, 6 de abril de 2015

Nina regresó con el coraje mordiendo su piel.
Pidió las charolas  de servir y se dispuso a servir el desayuno a los clientes.
Ese era el trabajo que le permitía comer y al cual se debía,   y más aún debía lealtad a a doña Petronila,.

Así pasó la mañana atendiendo, lavando platos, oficios que la relajaban y no le permitían pensar,
Luego almorzó con su patrona, quien leyó el fuego en sus ojos.
Doña Petronila la envió a descansar a su cuarto pues no la vió bien .
Le subió una especie de chupe serrano, muy apetitoso, que al menos le devolvieron las fuerzas físicas a Nina, La doña le insistía mientras acariciaba su cabeza de trigo. No tomes las cosas tan en serio.
Y de pronto , la misma Petronila empezó a contar la historia de aquellos mineros despedidos.
Uno de ellos era su hijo. Ella misma, medio coja llevaba los alimentos no perecibles,  pan , fideos, en noches sin luna. Cuánto tendría que aprender Nina que en su ignorancia pensaba que ya todo lo sabía.
Guardó silencio ante la revelación y un nuevo lazo de oro las unió de por vida.

sábado, 4 de abril de 2015

 Llorando de  rabia regresó trotando a la pensión.
Y mordió la noche entera su coraje,
 la  vergüenza de haber sido tratada como una niña 
mimada .
Al día siguiente, rumiando su pena , y la ira que crecía en su alma ,
volvió a la casa de los mineros.
Le costó , pero afrontó   mirar a la cara a quien ella consideraba su amante,
pero resultó ser un líder sindical que no mezclaba emociones , sentimientos.
Quizás ese había sido el error de Dámaso. Protegerla en exceso, mimarla, no exigir de ella casi nada  en el aspecto militar , poco en lo táctico . . Ella debía aprender esta vez , pues el juego quemaba , y dos veces no se salva uno la vida, Debía proteger, además al proyecto. Y a las familias de los mineros.