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domingo, 4 de agosto de 2013

Yo era un niña
de ojos asombrados
aliento entrecortado,
ante cada historia épica
que bebía de tus labios.
Tenía dos niños yo,
y un esposo lejano
los pechos como
frutos en primavera,
el rostro puro,
el alma nívea.
Nada me importó.
Corrí tras de ti
consecuente
en pie de lucha,
Y no sé ahora si reir
o no seguir con la historia
pues te esperé en vano
la noche de nuestra fuga..
Es por ello que cada vez
que cae la llovizna recuerdo
esa noche en que perdí
mi casa, mi familia y tu amor.
Declaro empero 
no conocí hasta ahora otra pasión
devastadora,
demoledora,
como aquella
en aquél verano.

A partir de entonces
soy una gata maullando mi dolor
agazapada a quien me de calor
y cure dolores antiguos

Nunca más nos vimos.
Sé de ti,
pues es imposible
no saber lo mal que caminan
las personas que hacen daño
a las niñas de su casa.  

Descubrir que la felicidad sí existe,
fugaz, concreta y por favor , niñas mías,
no confien en un revolucionario de café.
No saben luchar por nada ni por nadie

Ellos solo se aman a sí mismos.

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