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miércoles, 11 de junio de 2014

Grité ,
invoqué 
a grandes voces 
al olvido.
Hincada, 
laceré mi cuerpo,
caminé sobre púas
para liberar mi cuerpo.
Manchada de sangre,
por fin,
 tu recuerdo voló
con  un trozo  de mi alma,
en el puño
tatuando el color oscuro
de tus ojos en mi cuello.
Desde entonces,
el cielo es pardo.
devoraste los colores 
la intensidad de mis días.
 Añoro la pasión,
la intensidad vivaz del día
las noches encendidas,
un aliento cálido
latiendo vivo en cada poro
de mi piel.


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