Uno por uno pisoteé los mandamientos de la ley de Dios,
Me opuse desde niña a las reglas de los hombres,
de las mujeres castradas
escondidas tras hábitos para la práctica oculta,
cobarde de la mentira y valores de la gula y racismo,
y violentar inocencias infantiles.
No volteaban a mirar a los miles muertos de inanición en las calles,- ellas comían sendas bandejas de pasteles a las 11 am-
los tuberculosos escupiendo sangres sin remedio
en camas de hospitales,
asistidos por las manos purísimas de mi padre.
A la vida se enfrenta con el pecho descubierto.
Con el alma en la mano , eso decía él
La verdad como consigna .
Si ustedes aman y escogen una vida monacal.
No se escondan.
No pontifiquen
No asusten a las niñas , a los niñas
La semilla de la rebeldía crece en el cuerpo y luego seremos soy sociedad contesta-ria , violenta,
espumamos rabia, prejuicios, ignorancia.
Crecimos fuertes como robles pues ante la falsedad , se crece o se muere
No se quejen luego de aquella niñas perdidas. .
Monjas del mundo guarden un respetuoso silencio,
Curas abusivos adoradores del dinero y el bien material
No defiendan lo indefendible, no de levanten voces de protesta.
Es tarde.
Cambiaron al Papa,
Terminó el gobierno del oscurantismo,
del silencio apretado bajo las celosías de un convento de lujo.
Una nueva era se instaura.
Clara, pura, transparente.
Ardua tarea acostumbrarse a vivir en salud moral.
No me toca a mi .
Ya fui pecadora, y a las brasas del infierno me condenaron pensar ,
tener ideas propias..
Vuelvo a hacer justicia por todos aquellos que no están más.
Por quienes lloraron sangre a raudales,
y sufrieron acoso y terror.
Yo endurecí el corazón por eso vengo a liberar las conciencias de aquellas prisioneras del oscurantismo, niñas bien.
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