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martes, 6 de enero de 2015

Esos muchachos
son personas peligrosas.
Amenazan a su madre con una hoz,
cuando ella ni en pie 
se mantiene.
Ella no responde , 
el susto corta su voz,
los engaños cercenan su escaso entendimiento.
El padre apaga incendios.
Quién diablos apagará la hoguera,
la tormenta de fuego,
en el cráneo de esta mujer?
Ella no entiende de intereses,
menos de impuestos,
Su desesperación corre por sus venas, 
la recorre desde la punta de la cabeza ardiente
hasta sus pies.
La colma hasta casi estallar.
No existe escapatoria .
Nada, nadie  amaina la tempestad,
olas in cressendo de verdes  visiones alucinadas,
 pronto arrasarán,
el alma misma de la vida,
ella proferirá alaridos 
huirá en estampida hacia el mar,
donde rompen las olas .
Se lanzará de cabeza, el fuego primero
no intentará bracear menos nadar.
Se hundirá mansa bajo las olas terribles
de Villa, La Encantada.

Días postreros, la marea varará una mujer calva con un rictus de dolor
es su rostro hinchado de agua salada.



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