El clavo de hierro
penetra,
trepana
horada
los nervios
agudos,
esdrujulices
la génesis misma del dolor.
explora impío sus dimensiones ignotas.
Y dispara balas de metal ,
demoníaco en dosis pequeñas de fiebres inflamatorias
en cada músculo que cubre los huesos,
de mi cuerpo de poeta.
Me importan mucho mis manos,
aquellos huesos pequeños, ligeros que la conforman,
su conexión con mi pecho.
Mis ojos,
Nada más.
Trepanen, penetren , horaden nervios, ejército de clavos del mundo.
Mientras yo escriba
soportaré el tormento del fuego
la intensidad de su dolor.
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