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martes, 6 de enero de 2015

El clavo de hierro
penetra,
trepana 
horada 
los nervios
 agudos,
esdrujulices
la génesis misma  del dolor.
explora impío sus  dimensiones ignotas.
Y dispara  balas de metal ,
 demoníaco en dosis pequeñas de  fiebres inflamatorias
en cada músculo que cubre los huesos,
de mi  cuerpo de poeta.
Me importan mucho mis manos,
aquellos huesos pequeños, ligeros que la conforman,
su conexión con mi pecho.
Mis ojos, 
Nada más.

Trepanen, penetren , horaden nervios, ejército de clavos del mundo.
Mientras yo escriba
soportaré el tormento del fuego
la intensidad de su dolor.

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