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miércoles, 18 de marzo de 2015

Nina, se encontró envuelta en una frazada tomando un té caliente de manos de curtidos mineros.
Y supo de los vejámenes , de las miserías, de los oscuros socavones y ella, tuvo ganas de gritar,
patear, cortar el cuello de algunos de esos ricachones, dueños no solo de las riquezas de todos los seres que vivian en la región,
de sus vidas y las vidas de sus hijos . Ellos eran los señores de la salud de toda una provincia
Ellos contaminaban el agua con prácticas que ya no estaban en uso en el continente pero abarataban el precio de la inversión.
Los antiguos mineros la preinieron, le hablaron de la crueldad de sus capataces, las torturas.
Nina escuchaba por un oído, por el otro  maquinaba sus propia venganza.
Ella sabía ser despiadada. No por algo había sufrido la pérdida de todos sus camaradas casi a un palmo de su lecho. Ella salvó la vida pues cuando el destino te tiene preparado algo grande,  te preserva

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