Ya perdí la cuenta de los lugares
donde fui a presentar mi denuncia
- mi carne amoratada- como prueba
Tan solo hoy,
enterré mis zapatos bajo el sol ardiente
del arenal
hasta una comisaría
donde los tombos burlones
se hacen los justos , se jugaban conmigo.
yo reclamo, cuento, vuelvo a decir
la misma historia
una y mil veces
Una verdad.
que a nadie importa
y a mi me rompe el alma.
Qué habrás hecho pues.
Sé que al llegar a casa
él furioso reclamará mi ausencia
a puño limpio, patadas
sobre el rostro,
mi cara bonita
recién curada,
Mis brazos amoratados.
Así son las cosas, jefe,
Lo único que me salvaría es matarlo
con veneno de ratas
envenenar a todos.
A mi también,
No quiero ir a santa moníca
que es donde van las asesinas de hijos
y esposo, no, Jefe?
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