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domingo, 11 de enero de 2015
Pretendías llevar del brazo a tu mujer
vestida de señora
a las orillas mismas del averno,
con sus amos poderosos
sus señoras con lanzallamas
en las fauces en vez de bocas.
Mi rostro distraído
no te dice nada.
Yo conocí el infierno
cuando era una niña
y jugaba a escribir y a aprender
entre libros, vasos y veneno,
muchísimo veneno químico.
Fue tal , mi estrepitosa caída,
que el mismo satanás me atrapó para sí.
Luché con los dientes para escapar.
Mi cerebro se desató del cuello,
pisoteó mi cráneo , perdí lo más amado.
arañé la miseria con uñas sanguinolentas
de meses sin probar alimento.
Yo sé, pues nunca más regresé
a beber del veneno
el exterminador de sueños.
el polvo blanco.
Era tan niña
que la lección aprendida
corre ya por mis venas.
Y sé oler el peligro como una fiera.
Atiende cuando alerto,
los felinos no se equivocan.
Esta tarde era con olor a química depurada.
Yo me opuse a asistir.
Ahora me das la razón.
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