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sábado, 28 de junio de 2014

A veces, un pensamiento, una idea terrible tiembla en tuétano de mis huesos.
Qué sería si un día malhadado mi linda yegua blanca, que de tan blanca es azul,
decide emprender un camino solitario, perderse entre los trigales, no volver más ?
Comprendería que su estirpe es de yeguas libres.   Aceptaría con el alma desgarrada ,
mis ojos ciegos de sal.
Por el momento, se que mi hermoso ejemplar , elegante como ninguno, duerme y sueña con aventuras por descubrir.
Ella es la yegua blanca , que de tan blanca es azul. La  líder de los potros, y los caballos, la más hermosa, e intrépida
que jamás comarca alguna conoció.
Ella conoce de carreras de premios y galardones, campeona pura raza ,
y guía a la manada hacia el mar.  baila sobre la luna.
Su brillo enciende la oscuridad del cielo.
A veces, la contemplo por las noches, coqueteando con los luceros.
Vuelvo a dormir un sueño ligero  inquieto .
Un  insomnio de últimos días   desvela mis noches.
Cada día quiero más a mi yegua blanca que de blanca es azul.
El amor  crea miedos, inquietudes.
Tomo un vaso de leche que apura el sueño.
Antes del alba, debemos salir a cabalgar con la yegua blanca.
Se acercan los días de la gran carrera.
Cierra los párpados , sueña con ella
La aurora estallará en mil rayos de colores.
Nos espera un día feliz.
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viernes, 27 de junio de 2014

La yegua blanca , que de tan blanca es azul, relincha nerviosa.
Me temo , el reposo  será imposible .
Conmovida palmeo el lomo, calzo las botas.
Me apeo a su grupa, iniciamos el trote , ligero ,
por el campo tan verde que parece un sueño bueno.
El sol no quiere esconderse, sus rayos pintan la tarde celestes, añiles , amarillos y naranjas
Y reluce el lomo de mi yegua blanca, 
 brilla  plateada la luna al lado del cielo
Relincha de gusto, mi yegua,
, En  dos patas saluda al sol, a la luna plateada a los mil colores del firmamento.
Cabalgamos hasta la puesta del sol.
Las tinieblas azuladas  al reflejo blanco ,tan blanco de mi yegua blanca azul.
Es hora de descansar.
El cielo oscurece , ella contempla enamorada  , el hocico ladeado , a la luna,
los luceros plateados encienden el cielo.
A palmadas suaves se deja llevar al establo.
Los potros pardos, los caballos relinchan , celebran su arribo.
Ellos aman a la yegua blanca, que de tan blanca es azul.
La yegua los guió hacia las nieves perpetuas, al mar.
Ilusionados aguardan el día nuevo.
La aventura  por descubrir guiados por mi hermosa yegua blanca .

jueves, 26 de junio de 2014

Mi linda yegua blanca está de regreso  en casa.
De un abrevadero de plata sacio su sed. 
Una sed  larga,  de días áridos de cabalgata.
 Su lengua seca, los dientes mostaza de semillas de girasoles.
Limpio, diente por diente  con una esponja ahuecada como un queso suizo.
Rasqueteo su  piel para recuperar el lustre blanco bajo
una  costra parda de fango.
Amorosas y suaves mis manos,  
humedezco su    cabeza , la patas con agua tibia.
Las refriego de arriba hacia las coces
desde cada coz hacia el lomo.
Ella , serena, erguida, inmóvil.
Su cabeza , el fino cuello  tiznan  amarillo intenso  
de las  muchas semillas de
Su boca babea de los muchos higos dulces de la higuera , de tantas semillas  de  trigo .
La barriga hinchada  como para parir  del banquete de sabores desconocidos, dulces y amargos. como en el paraíso de Adán y Eva.
Las coces heridas por los pedruzcos acerados  de la montaña,
las cura el peón más antiguo. 
Ya presta, inquieta, nerviosa quiere pasear .
No conoce de fatigas, ni heridas,
su pasión por correr arde por las venas de mi bella yegua blanca.

miércoles, 25 de junio de 2014

La aurora estalla  en luces cegadoras .
Rayos  amarillos, naranjas pintan de colores el pico de la montaña.
A lo lejos , unos puntos pardos casi imperceptibles saltan en la cumbre azul acerada. 
Juegan con las nubes , se envuelven en sus mantos claros, beben gotitas de agua sin esfuezo.


Reconozco las piruetas de mi hermosa yegua blanca, su gracia de ballerina sobre  la nieve  que de tan fría es violeta.
De pronto, pierdo de vista la manada , mi yegua blanca , que de tan blanca es azul, desaparece . Escucho el silencio de las cumbres eternas.
La   manada  desciende por las faldas  irregulares de la montaña , lajas negras, grises. 
Las coces trastabillando, pedruzcos grises , 
 Los hocico dilatados , los  olfatos afilados  olisquean desesperados entre la nieve    cardos, yerba verde de primavera.
Mi yegua blanca que de tan blanca es azul ,encabeza el descenso
al valle. Resoplan, trastabillen  sus patas, escupen, hinchan el pecho, casi por reventar,
 siguen a la yegua, brillantes de sal.
Largo  es el trecho, helado el viento.
Corta las pieles trejas  de los potros.

 El hambre  cegador, apura el paso.
 Duro,  peligroso  es el descenso   por el cascajo traicionero de la montaña. 
 Otean  el    valle verde, amarillo como un oasis
que se extiende  lejos .
Un  paraíso   para sus huesos de patas cansadas , adoloridas.
Tras horas de arduo camino,  por fin   se lanzan sobre el campo fértil , verde intenso ,  de girasoles altos , trigales , higueras perfumadas.
Arrancan con furia  los frutos. Mastican gustosos semillas . Escupen, respiran serenos , hasta colmarse.
Descansan bajo la sombra fresca de los altos girasoles  amarillos, mostaza, su rítmico vaivén. Alcanzan los higos dulces, saborean con fruición. Mi yegua blanca es frugal, algunas semillas y un higo satisfacen su apetito.
Un tiempo más y partirán , cabalgando ligeros a casa.

Nunca olvidarán la aventura de conocer las nieves perpetuas,  
el frío helado 
bailar libres sobre el pico de la montaña, que de tan blanca es azulada,  guiados por la bella yegua, que de tan blanca tornó 
violeta, pintando de  colores  la nieve eterna.

martes, 24 de junio de 2014

La delicada yegua blanca se niega a partir.
Ella no conoce de miedos, 
su alma manchó jamás de gris.
Ama la claridad de la mañana,
la luz  de la tarde al caer el sol
indescriptibles colores celestes, rojos 
siempre nuevos , diferentes.
Sabe que  debe a sus potros pardos 
lecciones de libertad y arrojo.
Retiro resignada sus aderezos , 
Sale veloz, seguida de sus potros jóvenes,
 los caballos hacia los trigales amarillos.
Corretean alegres hasta ensuciar sus hocicos,
las patas de  tierra, semillas de  trigo, girasoles.
Retozan , juegan al ras del campo .
El viento mece las espigas de trigo, los girasoles
como un mar  inmenso  mostaza ,
 amarillo claro, de pequeños soles radiantes
invadido por patas ligeras de potros,
caballos, y una linda yegua blanca,
que de tan blanca es azul.
Remontarán luego, sucios y felices
los caminos hacia las montañas altas,
que de lejos se ven granito
 aquellas, que treparán resoplando , 
trastabillando los peñascos acerados
venciendo, alturas.
Los   corazones hinchados, 
palpitando al unísono
 como tambores poderosos
 hasta las cumbres, los nevados, 
 guiados por el paso seguro de mi yegua blanca, 
que de tanto frío es violeta.
Tirita la manada, tirita por un frío helado,
corta la piel de los caballos más duros.
Los pulmones colmados de un aire purísimo,
que de tan limpio , duele.
A lo lejos se divisa la manada 
puntos  pequeños de colores pardos, blancos, azules 
y violetas.
Cada vez  se alejan más de la vista.
Yo sigo el paso de mi yegua blanca, 
que de frío es violeta. 
La reconozco aún sea el infierno, por su estampa
erguida, elegante, sus pasos delicados.
Mi linda yegua blanca que de tan blanca es azul,
tornó  violeta por el frío, 
es por hoy guía de montaña.




lunes, 23 de junio de 2014

La yegua blanca arde en fiebre, sé de su sueño inquieto.
En punta de pies, la encuentro resoplando,
la  acaricio suave,  arde el lomo, 
su cuello de reina ,
transpira .
Pequeñas gotas saladas
 como perlas adornan su cuerpo.
-Necesita  un veterinario - .
Mi yegua blanca , que de tan blanca es azul 
pareciera leer mis pensamientos.  

La  pasión fluye por sus venas, más ardiente que cualquier enfermedad que merme   sus músculos  grises  como el   acero.
 Ella me  empuja con la cabeza voluntariosa fuera del establo.
No ha clareado aún,  el pasto , húmedo de la llovizna.
Todo es soledad , silencio.
Mi yegua blanca, trota, calienta  breve los huesos de marfil.
El sonido de sus patas replica en los cerros.
Emprende ,de pronto, una carrera , tan veloz  como si sus patas fueran alas
 Corcovea frente a mi, desafiante.
Apeo a su grupa, mojada,  corre,  veloz , se aleja del lar.
 Atrás quedó el establo,  trepamos a los cerros ,
seguro el paso, alcanzamos la cumbre.
En dos patas, relincha la yegua victoriosa.
Nunca la vi tan audaz, ni tan poderosa en su andar.
Recorremos valles desconocidos, 
hermosos trigales amarillos ,
bebe  agua limpia, clara de un puquial 
celeste , reflejo del cielo .
Ella   es la gobernadora de sus caminos
al sol pleno, reluce el lomo salado, la grupa tan blanca,
que de tan blanca es azul .
Sigue el paseo , no desmaya, no resopla, ni un quejido de dolor
escucho en su recorrido .
Es mediodía , mi yegua blanca regresa al laar .
Ha demostrado con creces, su pasión , una  voluntad  mayor
 a cualquier debilidad física.
Ella corre con el alma .
A  corazón abierto , sube montañas,
ataca briosa alturas, febril, corre.
Por sus venas corre sangre roja intenso,
Ella intuye con el olfato,
grandes retos le esperan
Carreras  por caminos pedregosos,
cumbres imposibles por alcanzar

Su tierra, su pueblo esperan la lucha de  los potros,
de la  yegua blanca, que de tan blanca es azul.
Otro día descansará.