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viernes, 26 de agosto de 2016

Somos gente que vive de recoger desechos. Somos nosotros mismos,  aquellos que no se adaptan  a la sociedad y se apartan. Algunos fuimos obreros con vasta formación política y sindical. Ese fue el motivo de  despido. En los 90 no encontramos puesto y no nos quedó otra salida que buscar en las salidas de las fábricas los materiales para revender  y la comida para llevar a casa. 
Ese es un caso. Yo trabajo con uno de ellos. Existen compañeros que dejaron la universidad por persecución política o por falta de medios. Los noventa fueron años cruentos para los más pobres . Los estudiantes que llegaban de la sierra era siempre sujeto de sospecha y seguimiento de la policía y debían cambiar de vivienda. Los padres campesinos eran acribillados bien por sendero bien por los militares y llegaban hordas de viudas y niños con los ojos gastados de llorar a buscar al hijo o a la hija, quien se convertía en 
el proveedor de un día para otro. De niño a hombre, cabeza de un hogar dinamitado, de niños mudos por el horror  y las pesadillas. 

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