En puntas de pie, temblando de angustia por la salud de mi linda yegua blanca , entro al establo.
Palpo amorosa su lomo , acaricio la cabeza, el hocico tibio.
Compruebo con alivio infinito que está sana.
Bajó la temperatura de su cuerpo,
por la noche.
No puedo creer que mi yegua haya vencido a la fiebre por mis cuidados amorosos pues ningún medicamento tomó.
Ella es joven, fuerte , en su alma vibra la alegría de vivir.
Ha devorado la alfalfa, nerviosa mueve la cabeza, las patas.
Empuja mi cuerpo hacia la puerta.
Siente bríos nuevos ,
Cabalgar por los campos húmedos de llovizna, recorrer a trote ligero la comarca. Sentir el cariño de los campesinos
Es muy pronto para cabalgatas.
El cielo no escampa, pero nadie ni nada vencen a mi voluntariosa yegua blanca,
que de tan blanca es azul.
Extraña las fragancias de las flores, el pasto, los colores de la aurora.
Cabalgar con el alma, cabalgar tan rápido que pasa fugaz ante las miradas asombradas de los otros caballos.
Es un haz de luz blanca que tiñe de azul el cielo.
Añora el aroma sublime a libertad.
Apeo a su grupa , corcovea oronda para felicidad de la manada.
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martes, 1 de julio de 2014
lunes, 30 de junio de 2014
El cielo pardo oscurece mi alma , duelen los tuétanos de tanto temer.
La angustia aprieta mi pecho.
Temo por mi amada yegua blanca, que de tan blanca es azul.
Extraño sus relinchos felices cuando galopamos por los campos verdes, los trigales amarillos,
las amapolas , los girasoles.
La alegría de sus pasos ligeros resuena en mi cabeza.
El veterinario ha diagnosticado un resfrío severo, de tanto trepar a las cumbres nevadas,
bajar veloz hacia los campos cálidos,
Ella luce apagada , inmóvil, no ha probado alimento hoy.
Arde en fiebre.
Transpira sudor helado, perla en gotas menudas su cuerpo entero.
Cómo detener el ímpetu de mi yegua amada si es libre, y cabalga veloz como ninguna.
Ella conoce vericuetos recónditos entre los pedruscos, la nieve límpida de las cumbres,
la inmensidad del mar.
Sus patas inquietas no se mueven hoy.
Sé que es el cielo pardo , aquél que entristece a la yegua blanca.
Ella ama el sol, el resplandor en mil rayos del cielo al estallar la aurora.
La caída del sol por las tardes , cuando alinean las estrellas , la luna de plata y el sol.
Entonces, es feliz.
Y por las noches escapa para bailar con los luceros, las estrellitas.
Pronto el sol , el cielo celeste, añil volverán.
Mi yegua blanca que de tan blanca es azul será la cabeza de la manada.
La adorada por los campesinos , mi yegua pura sangre, la campeona sanará y mil estrellas celebrarán en el cielo con estrellas fugaces.
Esta mañana ploma , sucia de aguaceros saco a la manada al campo.
El pasto verde humedecido por gotas menudas divierte a los potros.
Con el hocico juegan entre la yerba crecida, buscan hongos.
Al hallarlos, juegan con aquellas setas blanca inmensas como conchas de mar.
Lanzan pedazos al cielo, los despedazan, las arranchan con los dientes.
Entonces los llamo al orden. Debo cuidar a la manada. Ninguno puede caer enfermo.
Mi yegua blanca, que de tan blanca es azul, erguida , impávida contempla el alboroto .
No participa, su ánimo no es mismo de todos los días.
Cabecea lenta.
Palmeo su grupa firme, húmeda de llovizna.
Siento el calor febril en su lomo blanco , devorando hasta las entrañas,
La guío hasta el establo, no prueba bocado de alfalfa verde.
Los cambios de temperatura, la nieve y el esplendor del sol atacan a mi yegua , delicada y fina como ninguna.
Seco vigorosa las crines, la grupa, el lomo , el hocico ardiente
Hoy no cabalgará por la comarca así no será presa de la llovizna traicionera. Acariño su cabeza, palmeo el lomo, verdadero amor el mío por mi linda yegua blanca que de tan blanca es azul.
La guardaré en el establo , junto a los bloques de henos.
Cada hora , bajaré a hacerle la guardia.
Si la fiebre no cede, llamaré al veterinario.
El pasto verde humedecido por gotas menudas divierte a los potros.
Con el hocico juegan entre la yerba crecida, buscan hongos.
Al hallarlos, juegan con aquellas setas blanca inmensas como conchas de mar.
Lanzan pedazos al cielo, los despedazan, las arranchan con los dientes.
Entonces los llamo al orden. Debo cuidar a la manada. Ninguno puede caer enfermo.
Mi yegua blanca, que de tan blanca es azul, erguida , impávida contempla el alboroto .
No participa, su ánimo no es mismo de todos los días.
Cabecea lenta.
Palmeo su grupa firme, húmeda de llovizna.
Siento el calor febril en su lomo blanco , devorando hasta las entrañas,
La guío hasta el establo, no prueba bocado de alfalfa verde.
Los cambios de temperatura, la nieve y el esplendor del sol atacan a mi yegua , delicada y fina como ninguna.
Seco vigorosa las crines, la grupa, el lomo , el hocico ardiente
Hoy no cabalgará por la comarca así no será presa de la llovizna traicionera. Acariño su cabeza, palmeo el lomo, verdadero amor el mío por mi linda yegua blanca que de tan blanca es azul.
La guardaré en el establo , junto a los bloques de henos.
Cada hora , bajaré a hacerle la guardia.
Si la fiebre no cede, llamaré al veterinario.
Patricia Temple presenta poemario La casa del silencio
Auto-ResumenLa escritora y poeta Patricia Temple esta noche presenta su cuarto de poesía, La casa del silencio (Amaro Ediciones). En una primera mirada, La casa de silencio parece un grito vivo, lacerante, pero enmudecido. , Patricia Temple logra un registro espléndido no ajeno de humanidad y acaso expiación.
La escritora y poeta Patricia Temple esta noche presenta su cuarto de poesía, La casa del silencio (Amaro Ediciones). La cita es en el Instituto Raúl Porras Barrenechea. Calle Colina 398, Miraflores, 7:15 p.m. Ingreso libre. El libro será comentado por Max Castillo Rodríguez, Feliciano Mejía y Domingo de Ramos. En una primera mirada, La casa de silencio parece un grito vivo, lacerante, pero enmudecido. Allí, en esa tensión ?que crea una temperatura?, Patricia Temple logra un registro espléndido no ajeno de humanidad y acaso expiación. domingo, 29 de junio de 2014
Acariño a mi yegua antes de la salida del sol.
Ella siente el calor ardiente de mi mano sobre su cabeza.
Relincha suave, como si supiera que la maldita fiebre no me abandona.
Se aproxima la carrera .
Aún aquella fiebre extraña devore mis bríos
o el cansancio fatigue mis huesos,
entrenamos como si fuera el último día.
Como si la vida durara 24 horas cabalgamos.
El alma gobierna, late feroz en nuestros pechos, se aligeran las patas, empuño las riendas.
Rodeamos el campo cabalgando como nunca antes.
Prendida de sus crines, los ojos ciegos de sal.
Se olvidan las dolencias sobre mi yegua blanca, que de tan blanca es azul.
Sonrío feliz al sol.
Ella es vigorosa y en rumbamos más allá de la comarca, Así luce rgullosa su estampa.
Hacia allá cabalgamos hacia donde sus patas ligeras me lleven.
Cansados , la tarde estalla en mil rayos sobre el lomo , la grupa de la yegua ,
la más bella de todo el lugar.
Ella siente el calor ardiente de mi mano sobre su cabeza.
Relincha suave, como si supiera que la maldita fiebre no me abandona.
Se aproxima la carrera .
Aún aquella fiebre extraña devore mis bríos
o el cansancio fatigue mis huesos,
entrenamos como si fuera el último día.
Como si la vida durara 24 horas cabalgamos.
El alma gobierna, late feroz en nuestros pechos, se aligeran las patas, empuño las riendas.
Rodeamos el campo cabalgando como nunca antes.
Prendida de sus crines, los ojos ciegos de sal.
Se olvidan las dolencias sobre mi yegua blanca, que de tan blanca es azul.
Sonrío feliz al sol.
Ella es vigorosa y en rumbamos más allá de la comarca, Así luce rgullosa su estampa.
Hacia allá cabalgamos hacia donde sus patas ligeras me lleven.
Cansados , la tarde estalla en mil rayos sobre el lomo , la grupa de la yegua ,
la más bella de todo el lugar.
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