Asaltabas mis noches,
ofidio alado,
Enredabas mis sueños
con cálidos susurros en mi oreja.
Despertaba ,
devorada por tu lengua bífida,
mordida por tu boca ,
succionando la miel
de mi cuerpo en llamas,
Nunca nos conocimos.
Tampoco hablamos.
Era tu mirada fija en la pantalla.
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