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jueves, 23 de abril de 2015

Aquella tarde  las campanas echaron vuelo en todas las iglesias, sin que ninguna mano humano las tañiera. ¿ O quizás solo las escucharon ellas en el fondo de su corazón ? Era tal la algarabía que las vivanderas salieron a la plaza en día de semana y los anticucheros y los heladeros ofrecían y vendieron todos gracias a la gran felicidad que los embargaba a todos. Era su primera victoria. Una importante, vibrante que devolvió la alegría a todo un pueblo . Dicen que en la cárcel ungieron a Gregorio de rey y el alcaide se encerró asustado de una asonado justo en el mismo predio. Ni uno ni lo otro. La alegría se vivió distinta , con mayor reflexión pero eran cantos, bailes, aquellos que ya no se podían cantar desde la época del terrorismo , Al final de la jornada, una voz bronca llevaba hacia el cielo las notas claras de Adios Pueblo de Ayacucucho, desde la cárcel, desde la plaza y desde la casa de doña Petra, todos cantaban el himno que  mantuvo cerrado el pico. Ayer no, ayer todos cantámos al unísono y sin ponernos de acuerdo.

miércoles, 22 de abril de 2015

Ellas no imaginaron el poder de sus letanías semanales.
Pararon a un país. Detuvieron la marcha de la industria maldita de Tía Maldita, por primera vez en su historia, La gente caminaba con la  mirada erguida desde entonces y para siempre.
Y ellas, reían divertidas, una vieja y dos chiquillas más un preso habían logrado mover tanques, hacer volar los aviones de guerra y los helicópteros,
Al día siguente, día de visita, cantaron sus letanías entre risas y el pecho bien hechido.
La doña se lo debía a aquella hija suya que desapareció. Nina, a sus camaradas asesinados , Rocío y Gregorio a sus respectivas razones. Todos estaban tan felices que tuvieron que tanta felicidad se les fuera de la mano.
Y sin ser consientes , tenían a un paíso entero parado debido a los movimientos gestados en la cárcel.
La gente comentaba en los mercados, por la radio no se escuchaba otra cosa que el paro, y Nina, doña Roge y Rocío caminaban entre la multitud como si nada supieran.
Por la tarde, la gente de Goyo había tomado la cárcel y se esperaban más tomas en todo el país.
Los colegios devolvieron a los niños por precaución y se vivía un halo de expectación como si  algo grande ocurriría. Reforzaron Tía María, pero los compañeros estaban empeñados en tomarlo por las buenas o por las malas.. Nina pensaba que no era el momento, que ellos eran unos pocos para tamaña proeza, en fin. Nada podía oponerse a quien ama los actos suicidas.
Y aquellas letanías, aquellos rezos sordos les servían para distraera a la policía de las órdenes que ellas recibían del líder, entre murmullos.
 La última vez, se  dieron las directivas para el Paro General que en esa misma  fecha había paralizado el departamento. Les llegaban noticias que además otros poblados habían parado sus acciones. No había colegios, ni fábricas, todos se habían plegaban a las órdenes impartidas por el líder y por sus mujeres.
Y Nina, empezó a sentir el poder de aquellas letanías carcelarías y supo que pronto tomarían más predios y terrenos, todo lugar donde existiera un minero explotado o un campesino doblado bajo el peso de un peso ajeno.

martes, 21 de abril de 2015

Semana a semana se repetían las visitas a la cárcel, que eran como una letanía en sus vidas. Allí ellas recibían los dictados del partido , las cartas a entregar y que debían esconder entre sus prendas íntimas. 
Ellas sí vivían cada incursión con la emoción y el peligro de una principiante pues les tocaba ver situaciones injustas al extremo. Mujeres que eran golpeadas por la policía solo por ir a visitar a un preso. Niños que debían espectar tales desmanes. Y ellas, mudas , aprendieron a callar por estrategia.
Para poder volver y recibir las órdenes del partidos.
Los días que Nina no visitba la cárcel volvía a su vida de muchacha. Corría por el bosque y coronaba su paseo con un baño en el río. Esto molestaba mucho a doña Petro , quien la veía enferma y tumbada en una cama en su imaginación de madre putativa . Así y todo, Nina disfrrutaba de la vida de una muchacha joven sin mayores problemas, cuando no había que cumplir con las labores del partido.
Y así les llegó el alba,, helado tan frío que su piel no lo sintió de lo contenta que estaban.
Inmediatamente, doña Petro sacó una botella de su pisco más fino y preparó una caspriroleta para prevenir los resfríos de estas muchachas. Al final, hasta Rocío había festejado con ellas en la tina, jugando carnavales con ellas como niñas chicas.
Doña Petra las dejó dormir la borrachera y a media mañana las esperaba con una mesa servida con todas las delicias de la zona. Una vez al año no hace daño, les retrucó, cuando las muchachas protestaron por el lujo y lo mimos.
El asunto fue que semana de por medio se turnaban para ir a la cárcel. Rocío viajaba con frecuencia a Lima por obligaciones partidarias y dejaba sus encargos a Nina. Ella se había acostumbrado al olor fétido de la prisión, al hacinamiento de los presos. A contemplar el hacinamiento humano sin pestañar, aún por dentro se le hiciera añicos el alma.
Gregorio aprendió a confiar en ella como si fuera la propia Rocío se tratara. Le habló en alguna oportunidad de sus amigos, aquellos mineros y su respuesta, fue contundente. Ellos se hicieron despedir pues desde fuera la lucha es más fácil , menos riesgosa que desde dentro.
Nunca más volvió a preguntar por ellos pues ya pertenecían a un pasado lejano que no volvería,
Además, ellos continúban en el mismo lugar, con las mismas consignas sin un ápice de cambio.
Gregorio no se equivocaba. Ellos estaban en un marasmo político , hundidos hasta la nariz. Sin posibilidad alguna de salir. Así ellos estaban cómodos y a salvo.

lunes, 20 de abril de 2015

Borrachas y felices, doña Petro y Nina decidieron quitarse el olor a miasma de la cárcel.
Era más de medianoche  pero ellas estaban tan ebrias y tan felices que poco les importó .
Entraron al baño de la doña, lugar sacrosanto hasta entonces, y juntas se jabonaron en la tina con espojan y cepillo. Cómo se diviertieron , cuánta risa guardada, cuanto cariño entre ellas. Se habían convertido ambas en una suerte de madre e hija y pronto , sin saberlo, ellas , adoptarían a Rocío.