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jueves, 16 de abril de 2015

La lucha de Nina había cobrado múltiples sentidos. Ya no solo peleaba por la justicia social, la causa justa de los trabajadores . Hoy su lucha era la forestación de los bosques, la tala de los árboles de esas mismas nineras , la contaminación de los recursos. Y ella vivía aquello que pregonaba. Entraba al río como una niña a chapalear, salía indignada dispuesta a incendiar el asiento minero, Aquél que ella consideraba su río se había convertido en un basurero fangoso en algunos recodos, en aquellos que no , ella nadaba como una sirena.
Ya había convocado varias reuniones con la gente del campo. Esa gente sencilla era entusiasta y no se hacía problemas como la politizada.

miércoles, 15 de abril de 2015

Nina se  había convertido en pescadora de luces. Había aprendido a distinguir la luz primera de la aurora , aquella que rompe  la oscuridad  y da paso al día nuevo. La última luz de la tarde, la débil y tenue que apenas alumbra pero mantiene su color aún las tinieblas.
Y se sentía la custodia del río . Lo observaba una y mil veces antes de sentarse a  hablar sobre él con propiedad con los ambientalistas. Ella ya amaba a ese río . Y sufría de ver la suciedad flotando sobre él, los químicos de colores, el veneno .
Sabía que necesitaba más que amor para plantear proyectos, pero por el momento era feliz chapuceando en sus aguas, en las orillas. A veces , se atrevía a dejarse llevar por la corriente y saber dónder la llevaría ese río amado. Era triste comprobar que terminaba enredada entre la basura que la gente arrojaba al río.

martes, 14 de abril de 2015

Nina había abandonado las tareas del hostal para dedicarse en cuerpo y alma a la misión de luchar contra los mineros.
Con las primeras luces acariciando su piel, trotaba por el campo hacia la mina.
Era su propia inspección de la mina. Amaba ver el río. Recordaba esa corriente purísima de agua helada que bajaba de La Oroya cuando acompañaba a su padre.
Eran otros tiempos. Este río no era el mismo y la corriente estaba contaminada de relave , sucio de minerales que mataba. Río asesino. Asesinos,  aquellos que por extraer la riqueza de las entrañas de la tierra mataban a su alrededor seres vivientes, envenenaban el agua.
Qué nos dejaban? solo los restos de su codicia y más miseria y hambre.
Nina trabajaba freneticamente.  Salía antes  del alba y volvía al caer la tarde , cuando el sol resplandecia en las cumbres de los cerros y le cegaban la vista. Ella disfrutaba tanto contemplando el contraste de los nevados con los colores luminosos del ocaso, que  tomaba una licencia y se sentaba a espectar , con el alma en vilo, el espectacúlo de la belleza, distinto, día a día.
Ella sabía que su lucha  no solo comprendía los derechos de los mineros sino que  batallaba por la pureza del   agua de los ríos, antaño cristalinas, hoy sucias y con serios  problemas de contaminación.
Ella debía atacar desde la raíz y desde las bases. Había escuchado hablar de una muchacha algo mayor que ella, limeña , compañera de un importante dirigente minero, preso. La buscaría, sabía que vivía no muy lejos del campamento y se dejaría de tontear con aquellos mineros machistas.

martes, 7 de abril de 2015

Nina cumplía con cada directiva de los mineros. Volanteaba por la ciudad en las narices de la policía, aún su mala experiencia, Había logrado concientizar a un grupo de comerciantes ambulantes que vendían caldo de gallina en las calles, a aquellos que jamás tuvieron un lugar estable para vender.
Subió a las alturas a hablar con los comuneros con el poco quechua que aprendió de Dámaso, amado Dámaso , cómo lo añoraba, sentía su fuerza telúrica en cada pasa suyo. Y aquellos comuneros se rendían a su verbo encendido. Ellos conocían de la desgracia que les traería a todos la mina, pero al discurso bien explicado en su mismo idioma por esa gringuita de cabellos como el trigo, los convencía del todo.
Pronto, Nina contó con un contingente de gente bravía dispuesta a tomar las armas.
Algo  inédito en su historial político. Sintió además que esa rabia, el rechazo de los mineros le impulsaron a aventurarse más allá que la casa de ellos. Ya no buscaba amor ni protección, Bien claro se lo dijo a boca de jarro el mayor de los mineros, quien fuera su amante o seguía siéndolo, ya no lo sabía ni le interesaba, tampoco. Ella estaba embuía en su lucha y nada la distría  de ello. El amor pasó a un último lugar en sus prioridades. Dulce con el  pueblo y violenta a la hora de arengar , ya nadie le ganaba terreno. Ni sus propios amigos mineros , a quien la desocupación había convertido en teóricos . Habían perdido su capacidad de movilización y accionar . Debían reconocer que la gringuita los había superado con creces.

lunes, 6 de abril de 2015

Nina regresó con el coraje mordiendo su piel.
Pidió las charolas  de servir y se dispuso a servir el desayuno a los clientes.
Ese era el trabajo que le permitía comer y al cual se debía,   y más aún debía lealtad a a doña Petronila,.

Así pasó la mañana atendiendo, lavando platos, oficios que la relajaban y no le permitían pensar,
Luego almorzó con su patrona, quien leyó el fuego en sus ojos.
Doña Petronila la envió a descansar a su cuarto pues no la vió bien .
Le subió una especie de chupe serrano, muy apetitoso, que al menos le devolvieron las fuerzas físicas a Nina, La doña le insistía mientras acariciaba su cabeza de trigo. No tomes las cosas tan en serio.
Y de pronto , la misma Petronila empezó a contar la historia de aquellos mineros despedidos.
Uno de ellos era su hijo. Ella misma, medio coja llevaba los alimentos no perecibles,  pan , fideos, en noches sin luna. Cuánto tendría que aprender Nina que en su ignorancia pensaba que ya todo lo sabía.
Guardó silencio ante la revelación y un nuevo lazo de oro las unió de por vida.

sábado, 4 de abril de 2015

 Llorando de  rabia regresó trotando a la pensión.
Y mordió la noche entera su coraje,
 la  vergüenza de haber sido tratada como una niña 
mimada .
Al día siguiente, rumiando su pena , y la ira que crecía en su alma ,
volvió a la casa de los mineros.
Le costó , pero afrontó   mirar a la cara a quien ella consideraba su amante,
pero resultó ser un líder sindical que no mezclaba emociones , sentimientos.
Quizás ese había sido el error de Dámaso. Protegerla en exceso, mimarla, no exigir de ella casi nada  en el aspecto militar , poco en lo táctico . . Ella debía aprender esta vez , pues el juego quemaba , y dos veces no se salva uno la vida, Debía proteger, además al proyecto. Y a las familias de los mineros.