El fuego carcome mis mente
Quemó sin piedad mis cuencas
Olas doradas calcinan mis huesos.
Espero mansa la noche eterna.
La tormenta de fuego no cesa
Las llamas crecen como árboles
Arden las cuencas de mis ojos
No sé más si es día o noche.
Las tormentas de fuego me acosan
Arrasan sin piedad mis pobres propiedades
Los poemas , mis alegrías, los amores.
Todo mi ser es ceniza pura.
El mar calló
El viento no susurró
La tormenta de fuego llegó sin aviso
Ardió mi mente, quemó mis recuerdos
Hoy escribo en cenizas.
Alcanzo el barranco
Ato una soga columpiandose al viento
Desciendo prendida de las rocas
Una playa sonríe en lo profundo
O será el abismo aguardando por mí.
Me gusta jugar en el precipicio
Ser una equilibrista de circo
Sentir el vértigo de la altura
Arriesgarme a caer en lo profundo
O, pasar al otro lado
Victoriosa.
Sé que está prohibido
Sé que no debo
Solo quiero subir al barranco
Escuchar el cantar de las olas.