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miércoles, 8 de octubre de 2014

Yo era una niña,
los ojos asombrados,
 de pechos níveos,
bebía tus palabras 
como gotas de miel en el alma.
Creía firmemente en tu abecedario rojo.
Abracé la causa,con convicción y coherencia
tal como tú decías.
Eras mi maestro, mi novio, aquél
que me enseñó que la felicidad existe,
 rotunda, concreta, fugaz.
Te esperé bajo la llovizna,
aquella noche de nuestra huida,
el corazón henchido  de sueños .
Aguardé horas antes volver a casa a pie.
En la mano, guardaba el alma rota,
como un gorrión herido.
Era yo tan niña, 
tu traición fue un golpe seco,
helado, me partió en dos.
Aprendí con el dolor a separar a los hombres.
Aquellos que seducen con cantos dulces,
una vez , satisfecho el festín,
te abandonan a tu suerte.
Por ello, me convertí en la gata arisca,
aquella que olfatea ,
y maúlla por las noches ,
duerme con su amado,
segura.


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