Recuerdo el revólver, los ruegos de mi hermana.
Luego, mi cuerpo se partió en dos.
Salí de mi hogar, herida ,
pero el cuerpo no me dolía,
sentía que cada paso que daba,
me despellejaban la piel,
con un punzón me apuñalaban.
Al llegar , a duras penas al auto de mi hermana,
era tan solo una osamenta.
Un reguero de sangre manchaba los muebles de cuero.
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