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lunes, 5 de enero de 2015

Uno no se acostumbra
al tormento ,
a  las lenguas de fuego.
Siempre te sorprenden.
Arriban como chispas,
engañan con su  delicioso olor  a  vainilla
- ya deberías saber , tonta -
Te das la vuelta
y tu cerebro arde.  
Una  hoguera de altas llamaradas
arrasa ideas, las palabras, 
y son como palitroques , 
heno de establo,
alimento de fuego.
Olvidas decir mamá
que no tienes
clamas alaridos por tu padre.
no recuerdas que murió.
El sabía sí , él sabía.
Caminas dos pasos sin rodar,
y no ser , y ni eres, ni serás
hasta que llegue la doctora
el medicamento 
que aplaque la herida
del cráneo,
el dolor , el horror
tu pánico mordiendo
la mano de tu mejor amigo.

Uno no se acostumbra
al tormento , 
a las lenguas de fuego.
Ni se aprende.

Siempre te sorprenden.



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