Uno no se acostumbra
al tormento ,
a las lenguas de fuego.
Siempre te sorprenden.
Arriban como chispas,
engañan con su delicioso olor a vainilla
- ya deberías saber , tonta -
Te das la vuelta
y tu cerebro arde.
Una hoguera de altas llamaradas
arrasa ideas, las palabras,
y son como palitroques ,
heno de establo,
alimento de fuego.
Olvidas decir mamá
que no tienes
clamas alaridos por tu padre.
no recuerdas que murió.
El sabía sí , él sabía.
Caminas dos pasos sin rodar,
y no ser , y ni eres, ni serás
hasta que llegue la doctora
el medicamento
que aplaque la herida
del cráneo,
el dolor , el horror
tu pánico mordiendo
la mano de tu mejor amigo.
Uno no se acostumbra
al tormento ,
a las lenguas de fuego.
Ni se aprende.
Siempre te sorprenden.
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