Nadie sabe que las aves no conocen de piedad.
Gozan y se enardecen ante la sangre.
Arrancaron de cuajo mi ojo izquierdo hace un año.
Árdua tarea vivir tuerta, obtener otro ojo.
Setiembre, octubre, meses de cielos claros son sus favoritos.
Yo ya no les temo, sé escapar, sé luchar cuerpo a cuerpo.
Me pregunto la razón de la persecución.
La gente no me cree ,
que las aves de rapiña me acosan día y noche.
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