Miles de cables enredaron mi desnudez.
Tendida sobre un frío piso de cemento sentí la primera descarga eléctrica
y en mi dolor vi el color añil.
Arrojaron un balde de agua helada para despertarme .
Nuevamente, la descarga eléctrica hizo temblar mi cuerpo frágil.
Así pasaron las horas , yo no hablé .
Callé y me mantuvieron presa por mucho tiempo más.
Jamás confesé.
Hoy camino demente por la calle bajo la mirada de desprecio de aquellos a quien protegí.
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