La humareda cubre el malecón.
La brisa marina despejará el humo con las horas.
Subo al pico del barranco a contemplar los residuos
de un amor que nunca fue,
sino una pasión maligna,
que ató mi cuerpo al tuyo,
o el tuyo al mío,
no lo sé
ni me interesa.
Ya no queda nada.
Saco las alas de mi mochila
Las coloco en mis hombros,
Espero al viento y me lanzo a surcar el firmamento .
Más ligera, con un solo ojo,
el cuerpo en carne viva
mitad de alma,
y el cráneo abierto
Vuelo con mi humanidad incompleta pero feliz
libre de un mal amor
lista a iniciar una vida nueva.
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