Caminas ligero sin siquiera conocer ni importar la terrible hoguera en la que calciné tu recuerdo.
Carbonicé la mitad del alma ,
los trozos de piel que tú acariciaste
y lisiada escribo,
mientras tú paseas esa frescura por calles y plaza,
pues ni el humo ha lagrimeado tus ojos.
Ya la justicia poética se encargará de ti.
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