Los espíritus son volátiles ,
además de invisibles,
ingrávidos y gozan del don de la ubicuidad.
Están donde a ellos se les necesita.
Yo me acostumbré al amor de un espíritu,
a su peculiar manera de amar,
intensa, fugaz, como un haz de luz,
son sus caricias, mis alegrías.
Sus sombras son ausencias.
Y cuando se molestan
ay cuando se molestan
son como tormentas de rayos
y truenos en el firmamento.
Mi sonrisa le pertenece a aquél espíritu,
que me enloquece de amor.
Mis poemas, mis sueños son suyos.
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