Alicia no tenía fuerzas para acompañar a L. al Centro del Cáncer. Fuerzas físicas, pues casi no comía. Y no pensaba ya .
Caminaba como una autómata, la mente en blanco para evitar recordar.
Acompañarlo, era su obligación. Se bañó , se vistió y evitó al vuelo que él tomara café . Le tocaba el electrocardiograma.
Era crucial acompañarlo, a pesar del malhumor por el dolor de la artrosis. Ningún médico quería operarlo. La edad , los dos paquetes de cigarrillos sin contar el sobrepeso y el consumo de fármacos.
Nadie quería hacerse de un paciente de alto riesgo .
Una llaguita diagnosticada como hongo creció en tres meses hasta convertirse en una llaga cancerosa de 25 centímetros.
Había que trasplantar piel, y este vía crucis duraría mucho tiempo.
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