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sábado, 5 de abril de 2014

Alicia despertó  sin ganas de nada.
Un nudo tenso apretaba la garganta.  
Ella se preguntaba si al fin, alguna mañana se desprendería la costra marrón de su cuerpo.
Aquella que la cubría de la cabeza a los pies.
Así sin mayor esfuerzo, caería como barro líquido, o habría de arrancarla  con la uñas. O con un cuchillo. O con una pistola.
Haría lo que fuera necesario para desprenderla de una vez.
Esa costra le restaba fuerzas, se impregnaba por los poros, envenenaba de dolor los músculos, corazón.
Un día aciago, se descubrió los pies manchados.
Día a día subía por su cuerpo, las piernas , el pecho hasta alcanzar el corazón . Fue entonces cuando penetró en su alma , cada vez más profundo. Sus latidos disminuyeron . Sentía en el alma una herida de muerte . Pensó en acabar con su vida
Esta vez, no fallaría.

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