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sábado, 5 de abril de 2014

María regresaba cansada y contenta de su paseo. Había recorrido Lima entera en su vieja bicicleta, su caballito potente y las piernas  fuertes y felices de pedalear.
 Esta vez, inició el trayecto en la hermosa Plaza Bolognesi, desde donde se alcanzaba a mirar la sonrisa celeste del mar, en días claros.
Recorrió la Av. Brasil, parando en cada quinta antigua, observando cada detalles, cada celosía. Soñando con vivir en aquellas  pequeños palacios , que se conservaban dignos e inhiestos ante el embiste de los grandes y toscos edificios.
Pasó  por Breña, un distrito considerado por estos días como peligroso, Ella hacía caso omiso a cualquier recomendación . El riesgo la excitaba. Necesitaba visitar nuevamente aquella plazuela que la sedujo una vez.  Un jardincito rodeado de  geranios de colores alrededor de aquella plaza de cuento . 
Las casas antiguas  seguían en pié para su felicidad .  Ella volvería a entrar a aquel distrito de tan mala fama solo por visitar aquella placita. Algunos amigos músicos que vivían allí. No los veía desde que todos tomamos rumbos diferentes cuando capturaron a nuestros amigos subversivos, pero más buenos que muchos .
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