María regresaba cansada y contenta de su paseo. Había recorrido Lima entera en su vieja bicicleta, su caballito potente y las piernas fuertes y felices de pedalear.
Esta vez, inició el trayecto en la hermosa Plaza Bolognesi, desde donde se alcanzaba a mirar la sonrisa celeste del mar, en días claros.
Recorrió la Av. Brasil, parando en cada quinta antigua, observando cada detalles, cada celosía. Soñando con vivir en aquellas pequeños palacios , que se conservaban dignos e inhiestos ante el embiste de los grandes y toscos edificios.
Pasó por Breña, un distrito considerado por estos días como peligroso, Ella hacía caso omiso a cualquier recomendación . El riesgo la excitaba. Necesitaba visitar nuevamente aquella plazuela que la sedujo una vez. Un jardincito rodeado de geranios de colores alrededor de aquella plaza de cuento .
Las casas antiguas seguían en pié para su felicidad . Ella volvería a entrar a aquel distrito de tan mala fama solo por visitar aquella placita. Algunos amigos músicos que vivían allí. No los veía desde que todos tomamos rumbos diferentes cuando capturaron a nuestros amigos subversivos, pero más buenos que muchos .
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