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jueves, 3 de abril de 2014

María bebía las escasas gotas de sol de este extraño otoño.
Le dolía que su empleada fuera sospechosa de robos imaginarios por la pareja de desordenados que éramos ambos. Le hería la humillación a la gente humilde. La falta de respeto por sus sentimiento, la indiferencia a sus necesidades.
Estamos en el siglo 21 y el sistema de explotación de los ricos seguía vigente. Cada vez más.
Existe aún este terrible prejuicio de pisotear a los empleados, no considerarlos seres humanos,
solo sirvientes sin sensibilidad ni dignidad.
Las ´pobres  empleadas regresan cansadas de trabajar a subir  a un micro o dos o tres , viajar apiñada entre el vaho humano por espacio de dos horas y más. Subir un cerro polvoroso y agotada , llegar a casa a cocinar y lavar para el marido y los hijos. Luego sin un ratito para tomar aliento repasar las tareas escolares . A qué hora se dormía . Pasada la medianoche con el cuerpo molido . Al día siguiente la misma rutina, Y así el resto de su vida .
Qué esperanzas de progreso  tiene una mujer sin estudios completos.
Cuándo se rompería la cadena que  ata a los pobres a continuar siendo pobres.?
Una educación, carreras técnicas,
No tiene respuestas pero hiere , y mucho.

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