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miércoles, 2 de abril de 2014

En pocas palabras, María era la oveja negra de su familia.
Ella parecía ser una chica alegre y despreocupada  a primera vista.
En su alma , su mente bullía desde muy temprano el ferviente deseo de cambiar el mundo.
Quizás las vacaciones en la hacienda de la familia, la habían enfrentado a la injusticia y explotación.
Muy pequeña contemplaba  en silencio la  larga fila de peones esperando su pago.
Una botella de aguardiente y una bola de coca.
Para la siembra , recordaba a aquellos seres  ateridos del frío de la puna, con la consabida botella y la coca, en camiones, parados un cuerpo contra el otro como animales.
Ese recuerdo le tatuaría la piel por siempre.
Y cambiaría su modo de ver la vida.

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