Alicia no salía de su casa por orden de la siquiatra.
Cuando por razones de fuerza lo hacía, regresaba temblando, agotada, sin aliento.
Hasta cuando duraría esto? había mejorado mucho, no le costaba trabajo ya levantarse, cumplir con sus actividades cotidianas, escribir . Salir sin compañía le seguía costando ataques de pánico.
Las visitas al centro del cáncer la agotaban emocionalmente. Su esposo aguantaba con los dientes apretados el avance de la artrosis, casi no podía caminar. El tema del trasplante era un trecho largo y duro por recorrer. Cada día era una consulta diferente.
Ella trataba de ir lo mejor puesta que podía, zapatos de tacos altos, pero al llegar a casa necesitaba un baño, serenidad, escribir para volcar sus emociones, su fatiga física, su pánico. Los dolores insoportables en sus rodillas. Era como si el dolor hincara sus rodillas , las hería con saña , como agujas de hierro gigantes perforando su piel.
La terapia no lo ayudaba mucho. Finalmente tendría que operarse.
Las tragedias unen a las parejas o las separa del todo.
Ellos , con los dolores del mundo encima, los ataques de pánico , se enamoraban cada vez más.
Era como si se hubieran vuelto a casar. Ella recién disfrutaba de su marido sobrio,
y descubría cada día la nobleza de su corazón. La decisión de casarse con él, fue una apuesta arriesgada, pero esta vez, ella apostó por una vez en su vida. Ganó. Y por siempre.
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