Yo era ingobernable,
trasgresora y agresiva con mi madre.
Adoraba a mi padre , un hombre dulce y paciente.
Solo por él, callaba.
Enmendaba estropicios ,
con tal de saberlo contentento.
Su sonrisa era como un día de Navidad.
Y sus ojos, verdes, tan profundo, serenos como el mar.
Con el tiempo bajé la cabeza en asuntos tan delicados,
como mi matrimonio, para no hacerle pasar verguenzas.
Era lo mismo que hacerlo feliz.
Vivíamos en su casa pero y ejerció la autoridad.
con pulso fino y certero hasta su partida.
Nunca levantó la voz.
Era un verdadero caballero
Un médico sabio,
solo así entiendo,
como pudo lidiar con una hija bipolar y rebelde.
como yo.
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