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martes, 11 de febrero de 2014

Yo era  ingobernable, 
trasgresora y agresiva con mi madre.
Adoraba a   mi padre , un hombre dulce y paciente.
Solo por él, callaba.
Enmendaba estropicios ,
con tal de saberlo contentento. 
Su sonrisa era como un día de Navidad.
Y sus ojos, verdes, tan profundo, serenos como el mar.
Con el tiempo bajé la cabeza en asuntos tan delicados,
como  mi matrimonio,  para  no hacerle pasar verguenzas.
Era lo mismo que hacerlo feliz.
Vivíamos en su casa pero y ejerció la autoridad.
 con pulso fino y certero hasta su partida.
Nunca levantó la voz. 
Era un verdadero  caballero 
Un médico  sabio,
solo así  entiendo,
como pudo lidiar con una hija bipolar y rebelde.
como yo.

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