Me gusta ver el color amarillo que pinta el sol.
a la hora del ocaso.
El sol alumbra pero ya no calcina.
Todo tiene una pátina luminosa.
Sopla una brisa fresca, y es lindo caminar
sin bochorno,
tomar una gaseosa en la pastelería de la esquina,
tomarnos las manos,
al final de un sábado largo y pesado,
que a duras penas llega a su fin.
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