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miércoles, 12 de febrero de 2014

Un buen día  terminamos las clases.
Declaramos  el más feliz de nuestras vidas .
Y claro que lo fue. Al fin, libres a nuestras suertes,
sin las miradas de reproche de esas monjas malas.
 Poseída por el espiritú de Satán, festejé el gran día
aporreando las mesas y sillas , donadas por la embajada alemana,
ante los ojos impávidos de las monjas.
No hubo castigo , pues pasaron 25 años antes de regresar.

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