Aterricé en una cama de sábanas blanquísimas
en una casa extraña.
No la reconocia como mía,
ni me acostumbré a sus hábitos
hasta que mi padre me sacó del estado de
desconcierto total, explicando que solo él,
me ayudaría
a comprender, a comportarme .
sin llamarme nunca
la atención , ni culparme de sentirme una desconocida
entre los míos.
Ya , con excepción de mi padre, los había
empezado a odiar en silencio.
En ese estado de semi obnubilación
me mantuve por muchos años más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario