No podré olvidar las dietas de hambre
a las que nos sometíamos,
la semana entera en aras de bajar de peso.
Nuestra ansiedad nos llevaba a dibujar viandas en los cuadernos.
Los viernes, sin perdonar ninguno , festejábamos el fin de semana y de la dieta con un pollo con papas fritas y todo el helado que nos entrara,
antes de empujarnos a las puertas de los baños del Pollón.
El lunes volvíamos sumisas al castigo del colegio y a la dieta.
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