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sábado, 15 de febrero de 2014
Soy una mujer,
de sonrisa luminosa,
que esconde lágrimas
gotas saladas,
que corroen
horadan el alma,
mis huesos,
hasta ser una llaga,
en la piel
que nadie
debe notar.
Maquillo mi tristeza con risas
con una voluntad por ser y estar ,
sin ver que existe una realidad,
irremediable,
un amor único, último
que padece a mi lado,
una terrible dolencia.
en silencio,
a quien me debo.
El me regaló un hogar,
la poesía como oficio,
Cómo no cuidar de él,
quien me rescató de las noches
trasnochadas,
de la desesperanza.
Mi esposo sufre terriblemente
disfraza su enfermedad,
hasta que la razón obnubila
me insta a correr cual posesa
tras él.
pues ambos guardamos un secreto sagrado.
Aquél que esta mañana comparto
contigo, amigo
pues mi alma está a punto de estallar
en lluvia.
Acida lluvia, de aquellas que inundan
el día entero, la noche,
también.
Nadie merece más cuidados,
ni mis mimos más que él,
que me dio un hogar,
su espalda ancha para llorar,
sus caricias de consuelo
hasta el irremediable final
de esta cruel enfermedad
que nos tortura a ambos.
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