El día previo a las vacaciones eran especiales en el colegio.
En quinto de media ya nos consideraban casi graduadas , lo
que significaba " dignas de confianza" Pasaban una película en el
auditorium lujoso pagado por nuestros padres, y sin más, Angela y yo
recibimos cada una una caja entera de chocolates para vender.
Era viernes y sobrevino un temblor de tierra. Sin ponernos de acuerdo,
ambas amigas tomamos un dulce sin pagar por los " nervios " Uno llama al
otro y finalizado el film , cada una había devorado su respectiva caja de Sublimes,
sin ponernos de acuerdo. Escuchar la campana y salir despedidas como caballos.
Pasadas las dos semanas de vacaciones , nadie se acordó de los chocolates para alivio de nuestras atormentadas conciencias.
Así eramos ambas, impulsivas y generosas hasta la grosería.
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