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jueves, 6 de agosto de 2015

Apura , abre la puerta,
la sangre hierve en mis venas , 
burbujea apunto de estallar.
Debo ir en pos de él,
entregarme a su abrazo,  
sus garras en mi carne, 
desesperada olisqueo en la noche.
Rugo con la fuerza de una leona en celo,
aparece a mis pies y emprendemos la huida hacia el follaje.
Un coro de rugidos y gruñidos se escucha a la redonda.
Cierra la puerta.  Enérgica
No sigas mis pasos.
He de  perderme entre el follaje en pos de mi amante.
No temas , si escuchas rugidos en el campo.
Somos nosotros que amamos  con garras y gruñidos.
Vuelve a casa.
Retornaré en unos días,
Curarás silenciosa mis heridas de amor.
Si hubiera sabido el placer que ofrecía  tu amor
me hubiera entregado antes,
a tus garras afiladas 
a esas fauces abiertas,
a ser desgarrada en cada abrazo de amor,
por ti , mi enajenado monstruo,
tras el follaje, 
en cada noche de luna nueva,
cuando el deseo nos consuma,
Siempre.

Oteé tu paso en el camino
pude desviar mi paso ,
más no quise huir
de tu abrazo desgarrando mi piel ,
del sabor dulzón de las heridas en mi cuerpo.
Luego cubriré las cicatrices con un velo.
Nadie debe saber.
Lamo la sangre dulzona de mis heridas, 
mientras recuerdo el deleite de  tu abrazo,
tus garras en mi carne, 
mi grito silencioso.
Recorrer  los caminos encendidos del licántropo.
Esperar mansa
 el dulce tormento de su abrazo .


A lo lejos diviso las luces  del poblado,
No necesito rondar por las noches
 con mis pasos elásticos 
Agazapado, observo el ir y venir de los habitantes.
Ya están  marcados  por mi aliento.