Enérgica, Mujer, coloca en el agujero de tu pecho el alma ,
esa de enfrentar a los animales salvajes en el monte,
a tus propios miedos, que son los peores.
Aquella alma, que no conocía el miedo ni los espantos.
Tus músculos de felino se atrevían a las noches cerradas.
a los espantos entre el follaje.
Ha llegado tu hora, saca la fuerza y el espíritu indomable.
dormido, largos meses,
pues grandes retos aguardan por ti, por nuestro pueblo.
Aguza el oído.
Cerca a las cuadras , ladran los perros
Huye por la ventana de la cocina.
Corre rauda en pos de tu libertad,
sin temor , segura de tu talento.
Aguza el oído, mujer,
al primer canto de la alondra,
partirás sin mirar atrás.
Con paso decidido, te alejarás hacia un cielo nuevo,
a escribir con fuego tu propia historia,
la que tú elegiste.
Cierra la puerta, enérgica
No mires atrás.
Corre veloz hacia tu destino
Un cielo nuevo tachonado de estrellas
gente que comprenda tus ansias
de crecer sin explicar.
Anda, no escuchas a nadie.
No mires atrás,
Enérgica, cierra la puerta
Huye.
Anda, cierra las ventanas y la puerta.
Mudemos a otro paraje , uno distante de la ciudad,
donde aún reine la kántuta y la flor de retama,
y su aroma encandile a nuestros muchachos.
Es el momento de viajar hacia los cerros a encontrarnos
con la naturaleza.
Luego será muy tarde.
Apura el paso,
no voltees el rostro,
al llegar a la cima del monte,
expulsa tus demonios
todos tus fuegos por los ojos, tus poros
con toda la fuerza , por tu boca, los cabellos.
Lava tu cuerpo en el agua helada del río,
no des lugar a la fuerza maligna en tu ser.
Ni un minuto más.
Echa fuera las penas, muchacha
con címbalos y panderos,
zapateando el suelo,
espántalas,
antes que tornen en fieras
y terminen devorando tu alegría,
el alma entera.