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martes, 1 de abril de 2014

Un sabor amargo, una tristeza honda invadía el cuerpo de María.
Qué sería de Carlita? Dormiría ella también con plásticos para guardarse del frío? Entre cartones , en una sola habitación ?
Sentía  pena al  pensar en su inmerecida   vida privilegiada, que no fue siempre, Hoy por hoy  se dedicaba a escribir y no tenía que estar 8 horas sentadas en lugar de terror que fue para ella , el Museo. 
De esa experiencia terrible  solo rescata  conocer a Ana, el inicio de un amistad sólida, incondicional 
Pero  fue al final de su vida de oficina.
María disfrutó tanto  su paso por la Uni, los sindicatos, los científicos, todo ello era tan deseado y nuevo para ella, que agradecía con una sonrisa permanente al destino, a la vida , a Dios de colocarla en ese lugar donde la libertad la estimulaba a promover , crear, escribir . Bajo la tutela del  rector, un hombre brillante. 

Si esa fragancia te envolviera,
correrías,
en pos de la brisa marina
un olor más intenso aún
que llevara hacia ti,
el perfume,
la calidez
de todo mi cuerpo.


Si abrieras
mi ventana,
verías
la trenza
de jazmines
y  madreselva
embriagados
de tu aroma
cada madrugada.
Lavo mis prendas al sol.
Una gota de agua cae sobre mi pecho.
discurre por mi cuerpo
recorre mis piernas.
las humedece.
Cae al suelo.
Pronto será un charco.
Mis prendas están limpias ya,
como blanca mi sonrisa.
Satisfecha vuelvo a casa,
Espero noticias tuyas
Se anuncian
como el fulgor del sol
al romper la bruma.


 María estaba espantada por la violencia.  
En todos los barrios, sin distinción, habían robos y crímenes cruentos . Los delincuentes eran cada vez más jóvenes, casi niños.
La mayoría fumaba pasta o paco.
Apenas el domingo, hinchas de uno de los equipos más importantes se arranchaban las entradas y uno galifardo mató a un pobre muchacho, que estudiaba por las noches y trabajaba durante el día en una fábrica recibió un balazo de su propia gente. Por una entrada de cinco soles.
Me pregunto, que harán esas pobres madres que carecen de lo indispensable, que cuentan únicamente con el sueldo del hijo para mantener un hogar, una familia numerosa.
Y María sentada, añorando el mar en una posición cómoda.
En aquellos momentos, ella sentía verguenza y culpa.
La violencia era distrito por distrito. 
Desde los más elegantes hasta los barrios miserables, la inseguridad era general y democrática.
Un cielo oscuro como la soledad
tachonado de estrellas.
La canción de Tracy Chapman,
tu juventud
mi des prejuicio
Noche gloriosa
La acaricio aún en el recuerdo,
cada cierto tiempo.
Alicia se sentía notablemente mejor. Había dormido muy bien.
Quería seguir al pie de la letra las indicaciones de la siquiatra.
Esta era una mujer joven, dulce, que había escuchado con paciencia las lamentaciones de la atormentada Alicia.
La amistad de Ana la reconfortaba, la sanaba. Ella estuvo en todo momento ayudando con las citas, apurando trámites. 
Sin su ayuda , Alicia habría permanecido toda la mañana en el hospital.
La siquiatra  le indicó permanecer en casa, dada su ansiedad. Si salía a la calle podría sufrir otro ataque de pánico.
Nada más terrible que ello. Peor aún  que tener la refrigeradora vacía. Más desesperante que usar tacos altos. Horrible como la pobreza que pasaba, y seguiría sufriendo después de pagar las tarjetas.
El día anterior, en n rapto de locura, no era otro el motivo, o qu izás de caridad, había llamado a su tía.
Aquella protectora mujer destilaba veneno por la boca.  La revancha sería no volver a llamar nunca más. Que siga esperando sus palabras cariñosas que tanto le entretenía.
Solo le quedaba su hermana y sola moriría. Alicia no pensaba ni siquiera ir al velorio o entierro de aquella tía, desleal, envidiosa y llena de prejuicios. Todo lo contaba a la hermana de Alicia , y ésta se daba el lujo de despreciarla y ayer se percató que lo que en su momento fue  amor , el sentimiento trastocó a un odio ciedod

Se acabó, tiita, . No existes más en el corazón de aquella sobrina, frágil,     
a quien prometiste tantas veces tu ayuda incondicional.
Adiós, hasta tu muerte, que será muy .pronto, vieja de mierda.
Y morirás como viviste, sola.