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martes, 1 de abril de 2014

Asfixiaron  mis sueño,
Apagaron recuerdos.
Olvidé mi nombre,
Ahogaron mi ser.
La esperanza quiso huir
ante el embiste enemigo.
Caigo de rodillas
Te invoco,
Sálvame.

La maligna amiga
visitó mi noche.
Dejó sus huellas.
Remiendo las heridas
con hilos finos.
Salgo a caminar
 los ojos cerrados.
Alicia permanecía tendida serena. Lo bueno es que había despertado con el amor de su esposo, acariciando su rostro. Más tarde pudieron conversar largo rato, mejor dicho , escuchó los relatos de ella.
Se sintió nuevamente enamorada, consolada, aún no tuviera un sol en el bolsillo.
Mañana lo operarían  de una herida cancerosa. Ella había decidido acompañarlo, aún no tuviera el alta.
Ella haría esfuerzos sobrehumanos  para arreglarse bien, un buen lavado de pelo, una manicure casera, y un pantalón bonito. No quería dejar mal a su esposo frente a su familia,
El valía el esfuerzo.
Lavo mis prendas al sol.
Una gota de agua cae sobre mi pecho.
Discurre por mi cuerpo
recorre mis piernas.
las  humedece.
Cae al suelo.
Pronto será un charco.
Mis prendas están limpias ya,
como blanca mi sonrisa.
Satisfecha vuelvo a casa,
Espero noticias tuyas
Se anuncian,
como el fulgor del sol
al romper la bruma.
María leía diariamente historias de gitanos. 
Le fascinaba el tema. Usaba todos los medios, el google, el youtube, la biblioteca.
A medida que se sumergía en la cultura de este pueblo, se sentía identificada  cada vez más con ellos.
Admiraba su coraje impenitente para mantener viva su cultura y tradiciones.
La  libertad de la que hacían gala pero por sobre todo el valor  para mantenerse ajenos a la sociedad convencional.
Habían transcurrido miles de años, siglos, y aún marginados, repudiados y hasta apresados por el maldito racismo,  seguían en pie. Festejaban fiestas, celebraban matrimonios , la sonrisa era siempre.
Su sueño mayor era escribir sobre esa cultura milenaria.
Nada mejor que visitar el barrio gitano de El Porvenir en la Victoria.


Si al trepar
hacia mi ventana,
sientes
el aroma
embriagador
de rosas

jazmines
y las madreselvas
Apura,
es el punto exacto.
Entra,
tómame

El perfume intenso inundará
la habitación,
Nuestros cuerpos
sentirán su caricia
.

 

 

 

 
Alicia sentía que recobraba poco a poco  ligeras ganas de vivir.
Al menos este día, había estado más activa y de buen ánimo.
Mañana operaban a su esposo de cáncer a la piel, ella debía acompañarlo.
No le quedaba otra salida, a pesar que la doctora le había indicado lo contrario.
Amanecí trenzada:
La soledad y la locura
recorrían mi cuerpo
como un serpiente.

Asfixiaron  mis sueño,
Apagaron recuerdos.
Olvidé mi nombre,
Ahogaron mi ser.