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viernes, 10 de enero de 2014

Lentamente, como quien arrebata una fruta ,
retira el collar que rodea mi cuello.
Acaricia esa piel de seda,  
con las yemas de los dedos.
Llena luego tus manos de mis dos soles ardientes.
bésalos poco a poco,
uno por uno,
hasta que te pida más.
No cedas, 
Te suplico detenerte,
Luego lo agradecerás.
Si  hacemos el amor
serás mío por siempre,
me embriagaré de tu sangre,
devoraré tus entrañas.
Atado a los caprichos de mi cuerpo,
enloquecerás clamando por mi piel,
noches insomnes, en vano.
 Te lo advierto.

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